Hace dos semanas empezó la pesadilla. Regresaba de la zona 18, después de una jornada muy satisfactoria de trabajo con pequeños de comunidades en riesgo, cuando pasando el puente de Las Vacas, en lo que aprendí que la Muni llama Cuatro Caminos, dos motocicletas de Emetra me hicieron el alto. Me extrañó, pues según mi entender no había cometido ninguna transgresión al Reglamento de Tránsito. Hice el alto y rápidamente dos policías al estilo caribeño bajaron de su motocicleta con cascos hasta la nariz, se acercaron y uno me indicó que quienes estaban en la patrulla “inteligente” me habían hecho el alto; no sin antes pedirme los papeles del carro y por supuesto, mi licencia de conducir. Se acercó otro vigilante de tránsito alto y fornido; este indicó que el vehículo en que me conducía tenía dos multas por exceso de velocidad, que así lo había informado el inteligente auto y que debía pagarlas y hacerme presente en el juzgado de Metro Norte en la zona 18, colocando una calcomanía de gran tamaño en el vidrio trasero del microbús, que cómo costó quitarla.
Al llegar al primer semáforo que me hizo el alto, ordené los papeles para colocarlos en su lugar y pude darme cuenta de que mi licencia de conducir no estaba entre ellos. Fue así como solicité vía telefónica se me informara qué había pasado con ella. Se indicó que estaba en el Juzgado de Metro Norte y que al pagar las multas se me entregaría. ¡Empezó el infierno chapín! Al investigar sobre las multas, el vehículo nunca había estado en el lugar donde se supone transgredió la ley, por supuesto, no existía la famosa fotografía que lo hiciera constar. Pero por la necesidad del documento de identidad, la empresa prefirió cancelar la multa que, a su parecer no correspondía. Así se hizo, pero, ¡oh, sorpresa!, la licencia no estaba. Tres viajes a Metro Norte, una carta autenticada por abogado para que fuera entregado el documento al mensajero y aun así, la licencia estaba perdida.
De la zona 18 me enviaron a la zona 12, a una oficina con dos escritorios y dos hombres por todo haber, no tan fornidos como los policías, en donde se investiga a los policías. Por supuesto, allí tampoco estaba mi licencia, allí sólo era para que me quejara, una especie de pared de los lamentos. ¿Reconocería usted al agente que le tomó su licencia?, me preguntaron; por supuesto que no, los cuatro que detuvieron la marcha del carro eran muy parecidos y además el casco lo tenían hasta la nariz. Pero para no cansarles, a pesar de una carta que me enviara Tu Muni para que me presentara en otra dependencia, sigo hoy sin licencia.
Y a la Muni, ¿quién la multa? Como siempre, tenemos obligaciones los ciudadanos, pero, ¿mis derechos? Ahora tengo que reponer la licencia, para ello debo hacer un pago, volver a hacer los exámenes de la vista y sin faltar debo presentar el Boleto de Ornato; sin dejar las horas que seguiré perdiendo por la eficiencia del carro inteligente. ¿No sería mejor tener agentes inteligentes?
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