Decía Winston Churchill que la Guerra es demasiado seria como para dejarla en manos militares y me permito afirmar –parafraseándole– que la seguridad interna del Estado resulta demasiado seria como para dejarla en manos policiales. ¿Lo haría usted, amigo lector? ¿De nuestros policías?
La seguridad interna del Estado es bastante más que lo meramente policial y, por eso, tiene que rebasar el Ministerio de Gobernación –si de seguridad se trata y no de simple represión– la que de por sí sola resulta insuficiente si se quiere alcanzarla –los conceptos y usanzas policiales–.
Los resultados de una concepción equivocada quedaron a la vista en el Gobierno anterior, puesta la seguridad interna del Estado en manos de simples policías, por lo demás, aficionados, habiendo sido el más patético de todos, aquel del traslado de los cuatro policías a la cárcel de El Boquerón, preludio de su ulterior asesinato –“El Boquerón, la cárcel de la mayor seguridad del Estado”–, crimen que nunca quiso investigarse ¿quién ordenó el traslado? y que implica la concepción más putrefacta que pudiera darse de la seguridad interna del Estado, la de convertir al propio Estado, en asesino.
La policía es tan sólo uno de los elementos de la seguridad interna del Estado y reducir la seguridad tan sólo a uno ¿qué pasa con los otros? nos tendría que llevar, necesariamente, y de hecho ha sido así, a muy malos resultados. El Jefe de la Policía debe ser Jefe de Policía y el Ministro de Gobernación, Ministro, dos espacios relacionados entre sí, pero distintos.
Una concepción equivocada puede llevarnos a un Ministerio de Seguridad que la reduzca a lo meramente policial y, con ello, a los criterios y mañas policiales.
Con policías improvisados y agentes de policía que son llevados, sin más, a los mandos superiores, inexistente como lo es y sigue siendo ¡qué increíble necedad! la escuela de oficiales ¿de qué seguridad, estaríamos hablando?
La seguridad del Estado trasciende de las reacciones bravuconas pero, también, de las indecisiones sin fin. No se trata de simple represión pero, tampoco, de ambivalencias Hamletianas.
La necesaria reacción al día a día, apremiante y agobiante como lo es, ha ido haciendo de los distintos ministros de Gobernación, tan sólo policías.
Sí demasiado seria la guerra como para dejarla en manos militares, demasiado seria, la seguridad, como para dejarla en manos policiales. Cuidado, pues, con un Ministerio de Seguridad que no pasase de ser, sino mera policía.
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