Los campesinos comenzaron un programa que está dando sus frutos.
Puede que no les veas, pero están aquí; puede que no les oigas, pero tienen tu mismo rostro, son iguales a ti; puede que no lo sepas, pero comes lo que ellos siembran, cultivan, cosechan; tu sangre se alimenta de su mano, de su sudor; y sin embargo, puede que no les veas, ni les escuches, ni lo sepas.
Haciendo un balance de este año 2009 pareciera imponerse la desolada sensación de la condena a la incertidumbre producida por la evidencia del cambio climático, la presión mediática llamando a un consumo desmedido, la violencia brutal, miedo, corrupción, demagogia y el absoluto desencanto en la política; hasta la belleza del país parece condenada con la infame cianobacteria. Desolación, desencanto, impotencia. Pero muchos no pueden resignarse a este diagnóstico, ni pueden ni quieren.
A pesar de que el Gobierno no cumple con la aprobación y apoyo de Ley de Desarrollo Rural Integral, ni escucha las demandas del medio rural, esa periferia de la periferia que es Guatemala, está ahí, cargada de razones y luchando por alimentar su esperanza, y la nuestra. Para los campesinos no es tiempo para desesperar, sino para hacer propuestas, para aprender de experiencias.
De igual a igual. Frustrados por el fracaso de las políticas agrarias, los campesinos han comenzado un programa horizontal de enseñanza/aprendizaje, que ya está dando sus frutos. Ejemplo de ello es la creciente consciencia en la necesidad de utilizar abonos orgánicos alimentada en el programa con metodología “De Campesino a Campesino”, a través de proyectos agrarios apoyados por la cooperación internacional: técnicas agroecológicas utilizadas para la transferencia de conocimientos y experiencias entre agricultores, o sea para beneficio de todos.
Esta manera de trabajar entre campesinos, potencia el espíritu de experimentación al compartir conocimientos entre ellos, a partir de la realidad de su entorno. Enfatiza la producción con recursos propios del agricultor/a, reduciendo su dependencia de recursos externos, contribuyendo a romper las cadenas del endeudamiento y la servidumbre. El desarrollo agrícola se ajusta así al sistema local conservándolo, es de bajo en riesgo, sencilla su aplicación, se desarrolla desde la autonomía local y genera beneficios para todos.
Estos programas de desarrollo agrícola desde la gente, a diferencia de los paternalistas programas de súper Solidaridad del gobierno de Álvaro Colom, tienen medida humana, la de la dignidad, pues aquí son los propios campesinos los protagonistas de su propio cambio, y no son los únicos beneficiarios.
Uno de los líderes del Comité Campesino del Altiplano dice que la dignidad campesina tiene que ver con tener acceso a tierras, techo, agua, salud, educación, poder cultivar y sobre todo tener capacidad de elegir entre hacer esto o aquello, ser arquitectos de su propio futuro. Otro campesino dice: “Somos dignos, queremos una vida digna”, habla de la dignidad campesina como la capacidad de tener tierras para producir sus propios alimentos. Es decir, la capacidad de auto-abastecimiento para no depender de los mercados externos. Y este argumento no vale sólo para ellos, sino para Guatemala enterita, si cambiamos la escala. Dice, este hombre, que el desarrollo no está en los mega-proyectos mineros o hidroeléctricos que sólo reproducen una lógica neoliberal insensible a la gente (o mejor dicho, contra la gente).
Hay muchas de estas experiencias aquí y allá. Nos muestran que otra Guatemala es posible. Iluminan otros caminos. ¿Por qué negarse a incluir en la agenda, la agenda de lo importante, el reconocimiento público y el apoyo político a estas experiencias que representan miles, millones de guatemaltecos que conducen al beneficio y bienestar de todos? ¿Quién puede negarse a dar la mano a quien con su trabajo y su sudor nos alimenta?
Un Gobierno que crea en sí mismo creerá en los campesinos como gestores de su propio destino, o sea el de todos. Hace falta apoyar la aprobación de la Ley de Desarrollo Integral y la multiplicación del apoyo a programas con metodología de “Campesino a campesino”.
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