“¿Qué país queremos con maestros, sin maestros; con médicos, sin médicos; con policías, sin policías?” pregunta el señor Presidente. De no aprobarse el aumento de impuestos habría “recortes en las nóminas de maestros, médicos y policías”, añadió. (http://www.elperiodico.com.gt/es/20091211/pais/128273/). La lógica es sencilla. Sin dinero no se puede gastar.
Lo que no queda claro es por qué empezar con estas áreas prioritarias del accionar del gobierno. ¿Acaso no existen gastos en otras áreas menos prioritarias que puedan ser recortados? ¿Acaso no hay gastos superfluos, no prioritarios, desperdicio o malversación que puedan ser eliminados? ¿Por qué empezar con estas? ¿Asustar con el “petate del muerto”?
Si se utilizaran los Q 40 millardos de ingresos tributarios que recibe el gobierno al año para pagarle a los 200 mil empleados públicos en los ministerios de Educación, Salud y Gobernación, en promedio cada empleado recibiría casi Q17 mil al mes. Salario que, con toda seguridad, no gana el maestro, ni el policía ni el médico promedio. Dinero para pagar sí existe. Lo que hace falta es voluntad política para priorizar el gasto. Claro está, este argumento es producto de una lógica simplificadora que deja de lado consideraciones vitales. Por ejemplo, no considerar todos los ingresos tributarios que ya se encuentran “comprometidos” con algún destino específico: asignaciones constitucionales, aporte a las municipalidades, servicio de la deuda y otros.
Tampoco toma en cuenta otros “compromisos” de gasto que solamente tienen una justificación político-electoral. Al final de cuentas, así como el gobierno no tiene suficientes recursos para pagarle un monto como el referido a los maestros, médicos y policías, tampoco tiene ninguna justificación para amenazar con que los primeros recortes de gasto se darían en estos rubros. Esta última aseveración es un claro intento de provocar temor entre la población y elevar el nivel de conflictividad y confrontación que vive el país.
Recursos suficientes para garantizar la operación de las funciones básicas del Estado sí existen. Lo que no existen son recursos suficientes para financiar gastos derivados de compromisos político-electorales del partido oficial, gastos no prioritarios o en otro tipo programas y proyectos de dudosa rentabilidad social. En educación, salud, seguridad y justicia es donde resulta más importante gastar, todo lo demás puede esperar. Lo que faltan son prioridades claras, mientras estas no existan no habrá recursos que satisfagan el apetito de los políticos de turno.
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