El Intecap las becó en clases de cocina y computación.
Con los ojos todavía húmedos, Ingrid y Olga tuvieron que salir a la calle a buscar empleo. Dejaron en casa a niños pequeños y confundidos que se preguntaban dónde está papá y por qué ahora mamá tiene tanto miedo de subir a un bus.
Ingrid y Olga son viudas. Viuda, una palabra muy fuerte cuando se tiene menos de 35 años. Sus maridos eran pilotos del servicio urbano y murieron a manos de los extorsionadores, desde entonces son ellas el único pilar que sostiene sus hogares.
Poco a poco van encaminando sus nuevas vidas, viendo, aunque sea a lo lejos, el final del túnel. Son parte de un grupo de 24 viudas que se capacitan gracias a un convenio del Intecap con la Asociación de Viudas de Pilotos Urbanos. Lilian Pérez, la presidenta del grupo, consiguió que les impartieran los cursos sin ningún costo y que además, al finalizar, el Intecap les ayudará a conseguir un empleo.
Pérez recibió también apoyo de la Fundación Photo Kids que becará a los hijos de las viudas en la escuela primaria.
“Yo a veces les digo a mis hijos que ya comí en la calle, para que ellos coman más”, dice Olga, “aunque la verdad es que no he comido”. Su esposo fue asesinado el pasado 27 de marzo y desde entonces ha tenido que ocuparse de la atención de sus tres hijos, “que no han probado una gota de leche desde marzo, no he podido comprar”.
Sostiene la casa con el dinero que gana lavando ropa y limpiando casas. Trata de combinar su tiempo en trabajar y estar con ellos. “Con mi esposo siempre pensamos que era bueno estar siempre cerca de ellos, con mucha comunicación para que no se pierdan, para que no se vayan por el mal camino”, comenta Olga, pero ahora sin el sueldo del padre no hay más que salir y dejarlos solos.
Olga asiste al Intecap. “Hemos aprendido mucho”, dice mientras enumera los platillos que la maestra les enseñó a preparar, “arroz a la valenciana, ravioles, pizza” comidas que espera pronto preparar profesionalmente.
“Deseo tanto tener un trabajo con prestaciones”, indica Ingrid, mientras deja escapar un leve suspiro, “a veces hay para la comida, a veces no”, se lamenta. Es madre de dos niños de 12 y 16 años que dependen de ella ahora que el marido no está. “Antes él me ayudaba mucho, siempre fue muy cumplido para el gasto”, recuerda.
Ingrid está estudiando computación en el Intecap y a la vez, los sábados, cursa cuarto perito contador, se está capacitando todo lo que pueda para que los niños no dejen la escuela. “Mi hijo mayor salió abanderado”, dice emocionada, “él se preocupa mucho por estudiar porque su papá siempre le decía que era lo más importante, mi esposo soñaba con ver a sus hijos graduados”.
Ingrid es de las mejores alumnas de su clase, sus notas no han bajado de 95 puntos.
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