Sihay un partido que apela a la clase media capitalina, esa agrupación probablemente sea el Partido Unionista, un colectivo organizado por y alrededor del carisma de Álvaro Arzú.
A partir de su constitución formal, cuando su primera asamblea general se sacudió a Gustavo Porras y al Club de París, se acentuó el corte nepotista en su dirección. El primer secretario general fue Fritz García Gallont y luego, en 2007, lanzó a este –su sobrino político– como candidato presidencial, acompañado de Enrique Godoy García Granados, primo de los hijos de su primer matrimonio.
En la asamblea general de 2009, Álvaro Arzú se hizo elegir secretario general del partido. Así no sólo controla el feudo donde es hegemónico el unionismo, sino además asume todas las atribuciones legales que da el ser el representante del partido.
Los últimos comicios marcaron una contundente reelección del alcalde Arzú, contrario a lo sucedido en 2003, cuando Luis Rabbé estuvo a punto de derrotarle. Pero el hecho de haber lanzado a Fritz García como presidenciable no le permitió cosechar más que dos diputados del listado nacional y apenas uno en el departamento de Guatemala. En el resto del país, el unionismo solo cuenta con un distrital, el representante por San Marcos, Herbert Leonel Barragán Ochoa. En el distrito central, logró que se eligiese a José Alejandro Arévalo y a Marco Antonio Solares. En total, su bancada cuenta con seis diputados, eso sí, muy obedientes y no deliberantes.
Hay probabilidades de que si Arzú se lanza por tercera vez vuelva a ser electo. Sin embargo, esto no garantiza su efectividad como alcalde, lograda gracias al astuto uso que ha hecho de su bancada para poder arrancarle obras al débil Gobierno central. A Arzú le urge hacer crecer su partido, no sólo para garantizar su propia viabilidad como líder político, sino para que su agrupación no muera.
¿Cuál podría ser el camino que podría tomar el unionismo? Arzú puede intentar competir en alcaldías de cabeceras grandes, que no han sido administradas de manera eficaz. Y luego, dado que su gestión ha resultado ser efectiva para la clase media capitalina, podría ensayar para identificar líderes en cabeceras departamentales que puedan apelar a las expectativas de ese estrato social, lanzarlos como diputados y ampliar así su bancada.
El unionismo carece de organización nacional, sin embargo, la amistad de Álvaro y Roberto Arzú con Ángel González podría serles útil a la hora de lanzar un candidato presidencial competitivo, o de aliarse a alguno de los grupos de derecha a quienes les urge capturar el voto capitalino. La alianza con Eduardo Suger está descartada, dado que este correrá por el partido de Roberto González. Con Alejandro Giammattei viejos rencores hacen difícil asimilarlo, lo cual deja abierta la puerta para apuntalar a Otto Pérez o a Harold Caballeros. Pero es un hecho irrefutable que si no se lanzan a crecer, el unionismo está en riesgo de desaparecer de la política nacional.
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