Este domingo, desayunando en el centro de Londres, me llamaron la atención dos noticias que se presentaban por la televisión local, a donde asistí por la graduación como Maestro en Ciencias de uno de mis hijos, en una prestigiosa universidad del Reino Unido. La primera se refería a la decisión del primer ministro inglés, Gordon Brown, de reducir gastos superfluos, innecesarios o exagerados por 35 millardos de libras esterlinas (US$60 millardos), en asesores, familia real, marketing, publicidad y propaganda, entre otros, incluyendo la rebaja del 20 por ciento de los salarios de puestos directivos en el sector público, a fin de preservar los niveles de inversión pública en salud y educación.
Con transparencia ante la población y con responsabilidad frente a la crisis fiscal que afecta al Gobierno, la salida socialista de Brown es recortar y reacomodar el presupuesto, antes de pensar en poner más cargas a sus ciudadanos y a la alicaída economía británica, que de paso soporta el 31 por ciento de carga tributaria. Claro que su partido, el laborista, está 17 por ciento por debajo de los conservadores en la intención de voto ante los comicios parlamentarios de 2010.
La segunda noticia que llamó mi atención es la alianza entre Nicolas Sarkozy, presidente francés, de derecha, y Brown, de izquierda, para regular los bonos que ha venido pagando la banca a sus altos ejecutivos, que la opinión pública señala como corresponsables de la crisis financiera internacional del año pasado.
Tanto en Londres, París, Nueva York o Guatemala, los banqueros profesionales han recibido bonos como un porcentaje de las utilidades. Hace 9 años, cuando consolidé la fusión de un importante grupo bancario nacional, mi sueldo como gerente era más bien simbólico, pues lo atractivo era el bono sobre las utilidades, las que incrementé en 33 por ciento. Mi sucesor negoció mejor y cuadruplicó el porcentaje del bono que yo recibía y también fue exitoso en producir utilidades.
La crítica a esta práctica es su visión cortoplacista, centrada exclusivamente en las utilidades y no en factores como la participación en el mercado, la solvencia y solidez financiera, el desarrollo del personal, entre otros.
Ahora, Sarkozy y Brown olvidan sus desavenencias y hacen frente común para limitar estos bonos, promoviendo su pago en acciones y, si se llegaran a pagar en efectivo, sujetarlos a impuestos de hasta el 50 por ciento. Sin comentarios. Cualquier discrepancia con nuestra realidad sólo remarca la diferencia.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
7 comentarios: