Me quedé en la columna anterior refutando las acusaciones infundadas que nos hacen algunos opositores a nuestras ideas, con el supuesto argumento de ser los liberales clásicos, y los libertarios, instrumentos de la oligarquía económica.
En este ataque, totalmente sin base, mencionan con frecuencia a la UFM, la cual tiene una misión muy clara: “enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables”. Todos los alumnos cuando se inscriben conocen esta misión, y conocen el pénsum de la carrera, el cual incluye tres cursos de principios económicos, uno sobre la Acción Humana de Mises y otro sobre el pensamiento jurídico-económico de Hayek.
Estos cursos tienen un peso académico menor al 10 por ciento de toda la carrera, y los consideramos importantes para todo ejercicio profesional. Muchas universidades tienen un sesgo ideológico o religioso, pero nosotros lo decimos abiertamente, y antes de que el alumno se inscriba. Sobre aviso no hay engaño.
Entre los principios económicos se hace énfasis en la Ley de Ventajas Comparativas, y la importancia de la apertura de los mercados; también se hace énfasis en la importancia de la solidez del dinero, y otros principios totalmente ajenos al sistema mercantilista.
Si fuéramos los liberales, o la UFM, instrumentos de la oligarquía económica, no escribiríamos en contra de ella, o usaríamos la academia para enseñar los principios que son especialmente hostiles al mercantilismo.
El liberalismo clásico, perdón la insistencia, es una escuela de pensamiento abierta, es decir, no tiene una doctrina dogmática como la tienen el marxismo-leninismo. Eso sí, el liberalismo está construido sobre principios muy simples: la supremacía de los derechos individuales fundamentales, y las oligarquías son enemigas de dichos derechos. Los pensadores que han enriquecido la tradición liberal clásica son decididamente enemigos de las oligarquías.
Adam Smith escribió su obra magna La riqueza de las naciones, para denunciar el proteccionismo mercantilista.
Friedrich Hayek basó toda su teoría socioeconómica en la preeminencia de los órdenes espontáneos, como el mercado y la moral, enemigos del proteccionismo.
El doctor Alberto Benegas Lynch publicó hace unos diez años un interesante libro llamado Las oligarquías reinantes en el cual delata a los seudoempresarios así: “La fobia anti-capitalista, anti-liberalismo o anti-sociedad abierta se funda en una versión groseramente deforme y contraria al espíritu y a los principios esenciales sobre los cuales opera el sistema. Los seudoempresarios que declaman sobre la ‘libre empresa’ y la competencia son expertos en el lobby de los pasillos oficiales para bloquear la competencia”.
En otra parte del libro, nos brinda mi versión favorita de liberalismo: “El liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros”. Es una definición tan sencilla que a muchos les cuesta comprender. Les recomiendo el libro completo.
Típicamente, los seudoempresarios compran la protección de sus productos y servicios mediante aportes a las campañas políticas, los gobernantes lo justifican con el argumento de que por cada Q100 de protección, el fisco recibe su parte (aproximadamente Q30), y los consumidores lo pagan, ignorantes de que esos Q100 salen de sus bolsillos. El contubernio entre las oligarquías económicas y políticas es la principal causa del subdesarrollo de Latinoamérica.
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