Al estilo de un espectáculo de Las Vegas de los tiempos de Frank Sinatra, el doctor Espada nos entretuvo la semana pasada con su actividad del Día de la Transparencia, que significó gastarse una buena cantidad de plata regalando palanganas plásticas a diestra y siniestra. El Vicepresidente le copió y contestó a quienes han hecho sus demostraciones públicas lavando la entrada del Congreso o señalando la corrupción pública, pero la gran diferencia es que el gasto no salió de su propio bolsillo, como ocurre con los manifestantes espontáneos; es decir, saludó con sombrero ajeno, se gastó miles de quetzales de los recursos nacionales para demostrar en contra del pueblo, y tiró por el desagüe nuestros recursos. Nos ha dicho lávense y báñense, sean transparentes, paguen sus impuestos. En lugar de dar ejemplo de austeridad para brindar confianza sobre el buen uso de los recursos limitados de un Estado que está subiendo los impuestos porque ya no le alcanza, hace chinche lo que no nos sobra. ¿Cómo se permiten tales desperdicios simbólicos en tiempo de crisis? Estamos entendidos de que la figura del Vicepresidente es decorativa, que lo tienen entreteniéndose, y ahora le regalaron presupuesto para que montara su show y se sintiera vivo, pero fue muy mal ejemplo y lamentable en medio de la agenda política que se discute en la actualidad.
El espectáculo político me deja anonadado. En el pasado, los sindicatos se alzaban en contra de los nuevos impuestos que siempre encarecen la vida, más cuando vivimos una crisis económica tan seria, y le recordaban a los gobiernos las promesas de candidatos de no incrementar las obligaciones; pero ahora, son los mismos sindicatos viciados quienes se manifiestan a favor de la desmemoria. Ya no les preocupa el alza del costo de vida, porque lo que está por repartirse es más atractivo.
Entiendo que en Guatemala hay muchos que no pagan impuestos, y así también todos estamos conscientes del desperdicio del Estado y que no es confiable dada la gigantesca corrupción enquistada en sus entrañas, pero cuidado, tampoco se puede decir que la clase media y los trabajadores están pagando proporcionalmente menos que en otras partes del mundo, porque aquí pagamos más considerando lo que recibimos. La presencia de garitas de seguridad por todas partes en las colonias sitiadas, garantiza la necesidad que el Estado no cumple.
Lo que molesta es querer más recursos sin haber primero logrado hacer eficiente la recaudación ni demostrado el beneficio colectivo. Cuando la seguridad mejore, por ejemplo, ya no tendremos que pagar guardias privados, y dicho recurso se podrá trasladar al Estado. Se trata de pedir, mejorando. Pero hoy en día lo que urge es un Gobierno que no desperdicie lo que es tan escaso, regalando palanganas plásticas como hizo nuestro Vicepresidente. Lo que hace falta es sensatez y austeridad.
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