Todas las compras del Estado de Guatemala están regidas por la Ley de Compras y Contrataciones vigente. El objeto de dicha ley es intentar que las compras del Estado se hagan bajo una perspectiva de objetividad y claridad que garantice los intereses de todos los guatemaltecos. El problema es que muchas veces la rigidez de esta ley, que busca objetividad en las ofertas, simplemente sirve para propósitos nada claros y vuelve los procesos totalmente subjetivos e inciertos.
El inicio de cualquier proceso de licitación son las bases públicas. Esta es la primera barrera que busca garantizar al Estado que lo que reciba cumpla con sus necesidades. Desafortunadamente, es el mecanismo utilizado para bloquear a algunos participantes y garantizar la “dedicatoria” del proceso. El problema es que no existen mecanismos técnicos suficientemente públicos para que se utilicen de base para los proceso de licitación.
En Guatemala hemos logrado con este mecanismo limitar a los participantes en los eventos de licitación. Como existe un aura de poca transparencia en todo proceso público, muchos proveedores no se toman la molestia de ofertar por temor a ser burlados sus esfuerzos. Entonces se crea un círculo vicioso en donde pocos participantes buscan garantizar su éxito a través de influir en los procesos para beneficio propio. No podemos esperar que la transparencia llegue a los procesos públicos mientras no exista una libertad absoluta de participar. Guatecompras ha sido un buen inicio por volver los procesos de licitación más transparentes, pero falta mucho más por hacer.
El objetivo de las juntas de licitación es encontrar la falla de los oferentes, no promover sus aciertos. Es decir que no buscamos la mejor opción, si no que estamos viendo qué argumento usamos para rechazar las opciones. Lo que no hemos medido es el costo de este desacierto. Por tratar de evitar los problemas que ocasionan las licitaciones se crean los fideicomisos, las donaciones, los usufructos, etcétera, y en vez de solventar un mal, creamos uno peor.
El mayor problema es que el ciudadano común, el de a pie, es el que desconoce la causa de por qué paga un precio más alto por servicios que pudiera conseguir de manera más eficiente. Basta ya de estar sujetos a un sistema que premia al ineficaz (a veces por corrupto) y deja fuera opciones más eficientes. Creamos que Guatemala puede crecer y cambiar, pero con nuestro involucramiento. No seamos una víctima del statu quo que nos ha regido hasta ahora. (loquehacefalta@itelgua.com)
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