Si todo marcha bien, como se espera que suceda, en octubre de 2010 el papa Karol Wojtyla ganará el derecho de tener su hornacina en cualquier templo católico, dado que el sábado el papa Ratzinger lo proclamó venerable. Este es el primer paso que inicia el tránsito hacia la elevación a los altares de esta denominación cristiana.
Se aduce como causa de sus virtudes heroicas que ayudó a sanar a una mujer enferma de Parkinson. Según ha dicho Slawomir Oder, postulador de la causa de beatificación y canonización de Karol Wojtyla a Radio Vaticano, este es “un sacerdote santo, un místico pero también un hombre completo que ha vivido la alegría de la vida encontrando la alegría en su encuentro con Cristo”.
Indudablemente, a Juan Pablo II se le debe que su Iglesia haya asumido una postura más en pro de los derechos de los pobres y, hasta cierto punto, en contra del capitalismo globalizante. Y por otra parte, las naciones de Europa del Este deben agradecerle su activismo contra los regímenes del socialismo real, que indudablemente energizó a esos pueblos y contribuyó a la caída de la Cortina de Hierro.
De acuerdo, pero no olvidemos que fue este papa quien, luego de un período de relativa liberalización a consecuencia del Concilio Vaticano II, arremetió con los tacos por delante en contra del aborto, del control de la natalidad por medios artificiales y atacó a los homosexuales. Fue muy tajante en su misoginia al declarar explícitamente que su denominación no ordenaría nunca a mujeres como sacerdotes y, para mayor inri, cerró cualquier posibilidad de matrimonio a sus sacerdotes.
Sin embargo, durante el papado de Wojtyla reinaron los pedófilos. Fue una época en la que le estallaron en la cara los centenares de abusos que con la complicidad de obispos y de superiores de órdenes religiosas, se había negado a reconocer y a sancionar. Obispados enteros, como los de Los Ángeles, Boston y Nueva York, llegaron al borde de la quiebra, por las demandas de indemnizaciones de víctimas de sacerdotes que habían abusado de ellos cuando niños. Wojtyla nunca sancionó a un solo sacerdote ni admitió abiertamente la culpa de su Iglesia en este tema.
Aún hay más: Wojtyla protegió al difunto Marcial Maciel Degollado, fundador de los Legionarios de Cristo, contra quien había denuncias documentadas de abusos continuados en contra de niños y jóvenes. Aparte, a la muerte de Maciel se descubrió que también tenía una hija. Wojtyla nunca movió un dedo contra Maciel; hubo que esperar a que asumiera Ratzinger para que por lo menos en este tema, la denominación católica se adecuara a la decencia.
Parece ser que estos defectos capitales, al parecer veniales para la Iglesia católica, le serán borrados de su currículo al difunto Wojtyla, y así esta denominación contará el año entrante con un nuevo santo a quien podrán recurrir los pedófilos en busca de amparo y protección espiritual.
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