A pesar de tener sus días ocupados en el hogar con un esposo y cuatro hijos que atender, Leonor se las ingeniaba para cocinar diariamente para 40 niños de la calle, hacía un año que apoyaba el programa de ayuda “Niños de la calle”, del padre René, en su parroquia; a este grupo asistían niños entre 6 y 14 años, la mayoría huérfanos, algunos tenían padre o madre, pero la verdad es como si no los tuvieran. Muchos, si no la totalidad, estaban en diferentes fases de desnutrición crónica. Leonor era feliz de verlos devorar los platos de caldo con pollo, aunque no siempre alcanzaban los pollos, muchas veces Leonor los llevaba de su casa, ya que el presupuesto del padre René raramente era suficiente, por supuesto otras señoras también ayudaban, lástima que como en todos lados siempre habían algunos problemas, especialmente con Gloria, señora muy amargada irascible y sobre todo intrigante. Leonor y Gloria no congeniaron nunca, pero en aras de ayuda a los niños se masticaban, pero no se tragaban como se dicen en buen chapín. Entre los niños, a Leonor le llamó la atención Pedro, pues era el más chaparrito y desaliñado del grupo, el color de su piel, el pelo rizado y sus labios gruesos delataban sus genes africanoides. Pedro, con su corta estatura y aspecto desarrapado, sin embargo, tenía unos ojos grandes de una mirada vivaz e inquisitiva.
- Doña Leonor me podría dar un vaso de plástico para llevarle un poco de sopa y este pedazo de pollo a mi mamá? - Y tenés mamás pues Pedro? - Sí doña Leonor, y la pobre no come muy bien porque no le da tiempo, tiene que salir desde temprano a la maquila y regresa ya muy noche.
A Leonor se le estremeció el corazón, este niño, que hambriento como vivía, todavía pensara en compartir una exigua alita de pollo con su mamá.
- Como no hijo! Y le puso una extra porción del pollo en su recipiente de duroport.
Pedro se fue muy agradecido y contento. Esta rutina se transformó en costumbre y Pedro se acercaba religiosamente a la hora de salida de la escuela para recoger su porción extra de alimentos. Un día, al notar este proceso, Gloria le reclamó a Leonor y en tono beligerante le increpó:
- ¡Leonor, usted sabe que no se debe de dar raciones extras a ninguno! El pobre René nos ha ordenado que no tengan preferencias con ningún niño, porque después se ponen abusivos y cada vez quieren más. - Mire Gloria, yo no tengo preferencias con ninguno, pero Pedro le lleva siempre su poquito de comida a su mamá. - Esas son babosadas de ese patojo aprovechado, seguro que a la vuelta de la esquina se lo come todo.
Leonor prefirió callar ignorando los desagradables comentarios de Gloria.
II
Un día, Leonor salió temprano de su voluntario que hacer, Pedro la siguió, ya que el hogar de Leonor quedaba a pocas cuadras de la parroquia. A penas Leonor había depositado su bolsa en la mesa del comedor, cuando escuchó que llamaban a su puerta, abrió la puerta y vio que era Pedro.
- Buenas tardes Doña Leonor, sólo venía a saludarla. - Qué quieres Pedro? - Sólo venía a contarle que pronto ya voy a tener otro papá, ya he tenido 3, pero este dice que un día me va a llevar a pintar paredes, porque eso es lo que hace. - Que bueno Pedro.
Pedro no dejaba de escudriñar la casa con sus grandes ojos negros, como queriendo retener en su memoria hasta el último detalle, sin poder contenerse, preguntó curioso señalando una gran caja con un tigre de llamativos colores que yacía sobre la alacena
- Qué es eso? - Eso se llama corn flakes, respondió Leonor - Y para qué sirve? - Se come con leche, querés probar? - Sí, gracias
Y por primera vez, en sus 10 años de vida, Pedro saboreó el delicioso placer de comer corn flakes con leche. Las visitas de Pedro después de esta experiencia fueron varias, a Leonor y sus hijos les divertía con qué placer Pedro engullía los cereales con leche. Una mañana, atareada como todos, preparando el almuerzo de los niños en la parroquia, el padre René la llamó a la sacristía; Leonor pensó que era para anunciarle la organización de algún evento próximo para recaudación de fondos, talvez un bazar, pensó en su interior, pero resultó lo contrario de lo esperado.
- Leonor me he enterado que está dándole más comida a Pedro, usted sabe que no tolero preferencias y le prohíbo que lo siga haciendo.
No fue un buen día y Leonor no estaba del mejor humor, y le respondió al sacerdote:
- Mire padre René, ese niño comparte comida con su madre que trabaja, a mi no me importa, al fin y al cabo la comida la traigo yo de mi casa, pero si a usted no le parece, búsquese alguien más que haga mi trabajo, yo renuncio, dijo indignada.
El sacerdote, como buen cura español, añadió:
- Haga lo que quiera, acá no la necesitamos.
Leonor, tratando de conservar la calma, enfurecida, pero en silencio, se quitó el delantal y se marcho a su casa.
III
Por supuesto añoraba a los niños de la calle, pero pronto las múltiples actividades de su hogar le hicieron considerar que la caridad empieza en casa y qué difícil es ayudar. La iglesia es buena y sagrada siempre, pero los creyentes y practicantes como humanos no somos perfectos. Leonor no supo más de Pedro, algún tiempo después le contaron que ya no llegaba más a la parroquia.
IV
Unos años mas tarde, Leonor se vio en la necesidad de hacer algunos mandados en el centro de la ciudad, y en ese momento ninguno de sus hijos la podía llevar, así que decidió tomar una camioneta del servicio público, el automotor no había recorrido ni dos kilómetros cuando suben tres individuos al bus, uno alto, fornido, una mujer y un joven moreno de corta estatura. El más alto y fornido con voz amenazante sacó un arma escondida en un periódico y gritó:
- ¡Este es un asalto hijos de puta! Al que se mueva me lo trueno, saquen sus joyas dinero y teléfonos celulares!
Leonor, al igual que el resto de pasajeros del bus, se quedó congelada no pudo ni moverse, desprendió el celular del cinto donde lo llevaba, se quitó un anillo y preparó su monedero dejándolo todo sobre su regazo, esperando no irritar a los asaltantes, quienes obviamente no estaban bromeando. Los ladrones, a jalones, empujones e insultos iban despojando de sus pertenencias a los pasajeros sin respetar sexo o edad. Leonor tenía la boca seca y el corazón le palpitaba rápidamente, no quería ni moverse para no arriesgar la vida. Al llegar su turno, el más chaparro le habló con un tono amable y suave, casi en susurro:
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3 comentarios:
Gil Zu: (2009-12-26 11:32:26 horas)
En una aldea lejana a la capital impartia clases y vivi experiencias parecidas a las que nos comparte este dia el autor de la columna. Niños que se duermen durante la clase porque la noche anterior sus padres pasaron discutiendo toda la noche, o el padre llegaba borracho y el niño no podia dormir. Las religiones mencionan un pasaje Biblico : Instruye al niño en su camino para que cuando sea grande no se aparte de él. La Sociedad por su parte no puede existir sin la familia y cuando la familia enferma la sociedad tambien enferma. No es tarea de los Maestros educar sino Enseñar ya que la educacion corresponde a los padres. Pero cuando no existen los padres y si existen viven como si no existieran. El Estado entra al rescate para proteger a los niños, a la familia y como consecuencia a la Sociedad. La religion dicta normas morales, la familia las aplica y la Sociedad se beneficia. Un Orfanatorio me recuerda que en Guatemala la juventud actual aplaude a los Cremas del Comunicaciones pero las raices de los Cremas las encontramos en niños huerfanos que un dia se convirtieron en jovenes futbolistas agrupandose en el equipo HOSPICIO NACIONAL que llego a ser uno de los equipos de Liga Mayor junto al Municipal, IRCA, Hercules, Guatemala y Tipografia Nacional TIP NAC.
Felicidades a todos. Y a todos los niños que tienen pleno derecho a los programas de educacion, salud y Programas Sociales. Ellos son parte de nuestra sociedad aun aquellos que transitan por nuestras calles pidiendo limosna, luztrando zapatos y caminando descalzos.
Manolo Marroquìn M.: (2009-12-26 09:14:01 horas)
Me ha sorprendido gratamente percibir
la sensibilidad de alguien que escribe con rasgos de gran humanidad y màs aùn cuando se trata de una persona apreciada que ha dedicado su vida a ayudar a las personas con su diaria labor profesional...
Felicitaciones al autor, por su calidad humana en todo el sentido de la palabra.
edgardo martinez: (2009-12-25 21:02:20 horas)
Corría el año 1988, cuando en nuestra guatemala comenzaban las famosas Maras. Quien esto escribe, estaba ilusionado con acompañar a la selección nacional de futbol al encuentro con la selección de Cuba. Para ello tuve necesidad de viajar de mi pueblo hacia la capital para pagar el viaje de mis dos cuñados y el mío. Parece que eran 3 mil dolares en total. Pero antes de hacer efectivo el pago, decidí hacer otras gestiones en el centro de la ciudad. En la 8a y 8a. de la zona 1 caminaba tranquilamente cuando vi que todas las personas huian, especialmente las mujeres, varios jovencitos, entre los 14 y 18 años corrían a las mujeres para despojarlas de sus joyas, cadenas, anillos y aretes. El temor se me metio por la bolsa derecha del pantalón en donde llevaba el dinero para pagar el viaje. La preocupación era seria por el dinero de los cuñados. Como buen oriental me armé de valor y decidi seguir mi camino como si nada pasara, aunque iban en contra de la corriente, al contrario de la ruta de los jovenes. Decidi seguir mi camino aunque ya había descubierto que el jefe de la banda estaba recostado en el tubo del semáforo, al pasar junto a él quise demostrarle valor y lo ví a la cara. Grande fue mi sorpresa que el joven dirigente me conocía, me saludó con alegría y respeto, pues de niño fue mi alumno en la escuela del pueblo y guardaba buenos recuerdos de mi comportamiento como profesor y como vecino. Hasta nos abrazamos, olvidándome de quien se trataba. El problema fue que después de despedirnos, siempre con la misma cordialidad, las personas me tenían miedo y salían huyendo ante mi presencia. No me quedó otra salida que internarme en el mercado central y perderme entre la multitud, para luego pagar un taxi y dirigirme a la agencia de viajes para hacer efectivo el pago del viaje....
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