Todo cuanto ha ocurrido en Honduras le ha hecho muchísimo daño no solamente a Honduras, sino a todos. Le ha hecho daño a los países que, en una u otra forma, se fueron involucrando en lo ocurrido, alejados como lo estuvieron de la ley para buscar las soluciones y el precario estado de Derecho que priva en materia internacional se ha visto comprometido hasta el límite mismo del absurdo, tal la novedosa institución del “invitado”, por ejemplo,
Edelberto Torres Rivas lo ha venido a evidenciar con magistral maestría en su columna del domingo 20 de diciembre, columna que se publicara bajo el título de “Honduras”. Dice así el maestro, en su columna. “Reinstalar a Zelaya en el ejecutivo, como demanda legal, fue siempre imposible; Ni la OEA, la UE, Alba, el Pacto de San José y otras instancias lo lograron. Y se confundió la defensa de la democracia con el regreso de Zelaya”.
A estas lapidarias afirmaciones puedo añadir –así me permití señalarlo en su momento– que el Plan Arias tenía un pecado original que resultaba insalvable, su absoluto desconocimiento –por no decir, desprecio– de las leyes hondureñas.
Se hablaba así, en este plan, de la reinstalación del presidente Zelaya como que si se tratase –sin más– de sentarlo en la poltrona ¿? ¿A título de qué? ¿Dónde, entonces, la Asamblea, el Fiscal y las Cortes hondureñas? ¿Dónde, en dos platos – toda la institucionalidad de Honduras? ¿Sentado simplemente en la silla presidencial, ajeno a las instituciones y las leyes?
El único camino posible era el camino de la ley, pero ese camino fue, precisamente, el que no se quiso recorrer.
Pudo ser “reinstalado” el presidente Zelaya si un fallo judicial hubiese declarado nulo, cuanto se actuara en su contra y así, con la ley en la mano, se le hubiese restablecido. Sin embargo, jamás se buscó un fallo semejante.
Se pensó –erradamente– que las componendas políticas podían sustituir al Derecho. ¿Dónde el clamor internacional –la otra cara de la moneda– por ejemplo – en cuanto al extrañamiento perpetrado? ¿Más importe la poltrona que los derechos humanos y la persecución de los delitos?
Se perdió el referente insustituible de la ley por parte de la “comunidad internacional” y sus pretensiones –o buenos propósitos– se quedaron reducidos, tan sólo a lo político, importante, pero no suficiente…
¿Por qué será que no se comprende que nadie, con la luz de la ley, se pierde?
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