El año 2009 agoniza y con el se van vientos hostiles que golpearon a familias y comunidades, dejando saldos rojos, especialmente cuando se analiza el recuento de vidas valiosas que se perdieron de manera trágica. Una de las vidas que se apagó y deja un vacío en el occidente del país, es la del sacerdote Santos Gabino Tomás García, quien falleció en un accidente automovilístico el sábado 19 de diciembre, en Malacatancito, Huehuetenango, cuando retornaba a su parroquia en Almolonga, Quetzaltenango, luego de una celebración eucarística.
El Padre Tomás García nació en el cantón Xantún, Totonicapán, tenía 73 años y 43 los dedicó al sacerdocio. Su partida convocó a más de 4 mil personas, en su mayoría indígenas, quienes llegaron de diferentes lugares para enterrarlo en su lugar de origen. Pero la convocatoria tiene raíces no sólo en el acompañamiento espiritual, que desde la Iglesia católica practicó con responsabilidad en comunidades, sino en la combinación de conciencia política y étnica que ejerció desde la década de 1970, cuando el racismo inmoral tenía sumida a la mayoría de los indígenas en una extrema explotación económica y en un profundo desprecio.
Tomás García se asumió como líder religioso y líder k’iche’, por eso participó en reuniones y protestas junto a otros jóvenes indígenas, para denunciar los crímenes que se cometían diariamente en contra de seres humanos que por ser indígenas eran ignorados. Levantó su voz ante impunes violaciones que enfrentaban mujeres mayas que eran explotadas en certámenes o campañas folclóricas promovidas por el Ejército o instituciones estatales.
Una década atrás fue asignado a Almolonga, municipio pujante económicamente, pero inmerso en un océano de iglesias protestantes mercantilistas que sin pudor se disputan los diezmos y las donaciones de los feligreses a cambio de ofrecerles el cielo. Además, Almolonga se autodestruye por el mal manejo de plaguicidas y herbicidas, es una bomba de tiempo, ya hay estragos en la salud de niños y mujeres, pero no se denuncia porque ha sido usado como el prototipo de lo que el neoliberalismo unido al protestantismo pueden lograr en los indígenas. Clásico ejemplo de lo que el individualismo produce. Tomás García lo sabía y aceptó el reto, su trabajo de concienciación dejó semillas de reflexión en ellos, por eso, fue el primer lugar a donde llevaron su cuerpo, allí entre aplausos y pétalos de flores, fue despedido.
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