Se colaron y colgaron a algunas de mis noches, le pusieron un sello distinto a mis días y también a mis pasos, desde sus múltiples voces, con sus miradas cambiantes, con sus posturas exactas, me dieron en qué pensar y en qué hacer. También me siguieron para no atravesar semáforos en rojo a medianoche en la avenida Elena.
Diez. Nueve. Ocho… cinco… cuatro, tres, dos, uno… Feliz año 2010. Cohetes, cachinflines, besos y abrazos. Nostalgias para los unos. Esperanzas para los otros. Alegría para los muchos.
Este año tengo mucho por qué celebrar. Soy una mujer privilegiada y afortunada. Agradecida con la vida. A la hora del brindis, de los apretones y de los apapachos, brindo por mi familia elegida.
Mi familia elegida son los amigos del Grupo Intergeneracional. Nacido desde la espontaneidad; una relación siempre entre iguales. Brindo por el mundo de cada uno de ellos. Mundos marcados por la infancia y el contexto social en el que nos tocó nacer, crecer y forjar nuestra consciencia.
Brindo por estos jóvenes y no tan jóvenes, porque en una sociedad castrada y apática, se sobreagradece la consciencia histórica, la apertura y el compromiso con el mundo. Agradezco que me permitan construirme con ellos y a partir de ellos.
Brindo por su radicalidad analítica y porque entre risas, camaradería y complicidad, buscamos también ofrecer posibles soluciones a los problemas que padecemos. Brindo porque con estos amigos y militantes de la vida, el amor y las utopías, el conocimiento se vuelve un arte. Un inmenso descubrimiento. Acaso una atrevida aventura por caminos y paisajes insospechados.
Para mí cada uno de los amigos de GI es el idealismo de ese mayo 68 que no viví. Es la expresión de la rebeldía de habitar un mundo que sentimos equivocado. Es la euforia del Woodstock al que no asistimos Y la nostalgia de no escuchar a Joe Cocker interpretando A little help from my friends. A ellos va la rola. Con todos sus desvaríos, a ellos les pertenece.
De ellos me gusta decir que son militantes de la felicidad. Mi experiencia con ellos se acerca a la experiencia rica en risas, en complicidades, de lecturas compartidas, y de sueños detrás de las lecturas, de un código común de referencias, sobre el valor de las cosas y sobre los contemporáneos (intergeneracionales) con los que compartimos para entender y desenmarañar la telaraña de la lógica del capitalismo.
Son amigos que hacen embellecer y crecer el espíritu. Que saben que vivir consiste en compartir la alegría con los otros. Que luchan por la libertad individual y colectiva, que desde su realidad atienden a la demanda de nuestro caos y convulsión social, que saben que el mundo gira sin esperar a nadie, y por ello, hoy más que nunca, debe reinventarse la utopía, porque pueden morir las ideologías pero los ideales persisten en cada pequeño momento en que decimos: “queremos”, “esperamos”, “ojalá”.
Gracias totales, porque con ustedes se nos forjaron otros caminos, otras posibilidades, otras miradas. Nos renació la esperanza y la necesidad de reinventar la utopía. Reinventar la utopía es volver al principio de humanidad. Es rediseñar cómo queremos que sea la sociedad en la que vivimos y por la que luchamos.
Brindo por la sonrisa de mis amigos, por su compromiso social y político y porque saben ser una caricia en los malos ratos. Un abrazo en la desolación. La carcajada que rompe el silencio y la alegría de sentirnos vivos aquí y ahora.
Diez, nueve, ocho…. cuatro, tres, dos, uno, Feliz año 2010 brindando por una Guatemala de todos y para todos. Viva Intergeneracional y nuestra búsqueda de mantener abiertos los canales de comunicación y esperanza entre los seres humanos. Viva Bajo Fondo, vivan las cervezas (con y sin alcohol), viva Chava Flores y Pedro Infante, viva la Bartola y las fiestas de barriada, viva Rigo Tovar y Los Flamers, vivan los manuscritos de Marx, vivan los cineforos, viva Marina con su cafecito y champurradas, viva la complicidad, la amistad y la vida y lo grande que ella es al tener a cada uno de ustedes como militantes de la risa, del amor y de las utopías por y para construir un bien común.
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