A todos nos encantaría que un día Sandra Torres de Colom anunciara su decisión de hacer públicos los números de cédula de cada beneficiario de Mi Familia Progresa. Y nos gustaría más que a partir de ese momento los opositores dejaran de usar el pretexto de la falta de transparencia para descalificar los programas de Cohesión Social y pudieran todos, oficialistas y aspirantes a serlo, estudiar y discutir en torno a la efectividad real de este y otros programas para combatir la pobreza. Ese sería un gran propósito para 2010. Que la práctica de la política en el país dejara de girar en torno al interés de ganar las siguientes elecciones. Pero puesto que es demasiado ingenuo pretender que una cosa semejante ocurra, habría que clasificar el asunto como un deseo, irrealizable en verdad, antes que como un propósito plausible.
Supongo que por estos días más de alguno de los lectores se dará a la tarea (vana en la mayoría de casos) de anotar en un listado las metas que se propone para el año entrante. A lo mejor algún político haga lo propio. Con el mero fin didáctico de impedir que cometan un error, les propongo que piensen bien si aquello que anotan entre sus propósitos de año nuevo es un objetivo asequible, o una quimera.
Aquí otro ejemplo de propósito que linda entre una cosa y otra.
En uno de esos días especialmente ajetreados de este año que termina recibí la llamada de un viejo amigo de la familia.
Ante mis prisas me habló del riesgo de la hipertensión en aquellas circunstancias y me ofreció cuatro consejos para evitarla. Dijo: el número uno es hacer ejercicio cada día. El número dos es comer sano. El número tres es comprar una de esas maquinitas para medir la presión arterial y usarlo rigurosamente cada día. Por último, me dijo, el número cuatro es tener sexo cada día, una vez al día, al mediodía.
Naturalmente le respondí que el último consejo sonaba más interesante, pero que con dificultad podría seguirlo si no siempre puedo almorzar con mi esposa entre semana. Y él espetó: ¿pero quién te ha dicho que lo hagás con tu mujer? Si uno no puede hacerlo todos los días con la esposa.
Recordé una nota que leí este año o quizá fue el año pasado en la edición online del New York Times y se titulaba “Yes, honey, tonight again” y hablaba de dos parejas que publicaban sendos libros, contando su experiencia de tener sexo todos los días durante 101 días. En ambos casos la idea había surgido después de largos períodos sin sexo (posnupcial se entiende, que del otro, 100 días en fila se antojan pocos).
¿Acaso ese no sería un gran propósito para muchos? Que el que tenga poco sexo (consensuado se entiende, ¿ah señores políticos?, no me vengan luego a responsabilizar de algún despropósito por este humilde comentario), logre tener más durante 2010. Que el que ya haya tenido mucho en 2009, como se ufanan algunos diputados (no soy sexista, es que las diputadas casi nunca hablan de eso), consiga más en el año que está a punto de arrancar.
Son los mejores deseos para el año nuevo. Y suerte con sus propósitos.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
12 comentarios: