Las fiestas navideñas y el cierre de un año nos llevan invariablemente a pensar en los años pasados y los futuros. Vemos en retrospectiva los momentos que más impactaron en nuestra vida. Para mí la Navidad es un momento en el cual pienso inmediatamente en mi mamá, mujer enamorada de la época, porque como ella misma decía con su enfermedad terminal, tenía el corazón muy grande. Desde que salíamos de vacaciones a finales de octubre iniciábamos la búsqueda de cómo decoraríamos la casa para el momento del nacimiento del Niño Jesús. Siempre eran actividades en donde todos los hermanos estábamos compartiendo y por supuesto, en una familia de diez hijos, peleando por querer lo que el otro tenía.
Pasada la Navidad, el momento de paz y encanto, de los regalos y la familia, llega la fiesta y los propósitos del año por venir. Hay que festejar, hay que desearnos que el año venidero sea lleno de alegría y felicidad. Frases que para nosotros no se han interiorizado aún por venir de una cultura que es más dada a la pena, el pesar y el más o menos, y quedan flotando en el aire los dichos para la siguiente fecha. Si se hace un recuento de nuestra vida, la mayoría de nosotros tenemos lo que hemos cosechado. Si vemos a nuestro alrededor, aun cuando se haga desde un lente pesimista, estamos mucho mejor que hace quince años. Hace pocos días hice este ejercicio con las personas allegadas a mí. Entre ellos se contaban empleados de todos rangos y por supuesto mis empleadores. Hicimos un recuento de todo lo bueno que se tenía en este momento; de lo que por años se había deseado y lo que sí y no se logró. El inventario fue positivo y todos pudimos ver que nuestro tiempo ha servido para dar frutos.
He recibido este fin de año, a pesar de la violencia, de las noticias y de lo que nos está envolviendo por esa comunicación tan acelerada que tenemos, que las personas estamos más conscientes de lo que somos y de lo que debemos hacer. El enfrentarnos a nuestra realidad ha servido para que realicemos cual es nuestro papel dentro de un mundo global, cada quien busca hoy su lugar.
Es el momento de ver para adelante, de buscar al amigo y a quien consideramos en el pasado un adversario porque pensaba distinto, se vestía distinto o simplemente porque no era como yo y darnos un fuerte abrazo, hablar sobre nuestras diferencias y dejar fuera de nuestro corazón el odio y el rencor que tanto daño le hacen al país y a nosotros mismos.
A quienes leen esta columna, quiero agradecer el tiempo que se toman en hacerlo y sobre todo a aquellos que piensan diferente a mí, quiero darles las gracias porque sus comentarios me han servido para realizar lo grande que Guatemala es y su potencial. Feliz Año y que sigamos creciendo al compartir lo que cada quien piensa, con libertad y responsabilidad.
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