La semana pasada me quedé en cómo el oro pasa de ser el dinero escogido por el mercado, durante varios siglos, a ser sólo una referencia sin importancia en el sistema monetario mundial.
Actualmente toda la emisión monetaria está en manos de los bancos centrales, dicha emisión es fiduciaria, sin ningún respaldo en metálico, y la actividad de los bancos privados es con reserva fraccionaria.
Esto significa que la base monetaria no está anclada a ningún patrón estable, y se maneja al capricho de los gobernantes, y que el multiplicador bancario es inversamente proporcional al encaje bancario; en pocas palabras, el sistema tiene dos focos desestabilizadores en la economía de las sociedades. En más del 99 por ciento de las transacciones, se utiliza dinero, por lo que la estabilidad en su poder adquisitivo es de suma importancia, y cada vez que la emisión (oferta monetaria) es superior a la demanda del mercado, se crean distorsiones de precios.
En 1912, Mises publica Theorie des Geldes und der Umlaufsmittel (Teoría del dinero y del crédito), en la cual advierte sobre los peligros de la manipulación del dinero y del crédito, pero para nuestra mala suerte, un año después en EE.UU., se crea la Federal Reserve Board, a la cual se le otorga el monopolio de la emisión de la moneda y del manejo de la política monetaria.
Durante los últimos 95 años, la Reserva Federal ha ejercido este monopolio con el fin de financiar la participación de EE.UU. en varias guerras, y con el fin de hacer política económica con fines políticos y electoreros.
Durante ese período de tiempo, distintos miembros de la Escuela Austriaca han adversado –exponiendo las consecuencias negativas– esa práctica de manipular el dinero y el crédito, pero no han tenido éxito.
En la década de los treinta, durante la gran depresión causada por dicha Reserva Federal, un economista inglés, John Maynard Keynes, publicó su obra The General Theory of Employment Interest and Money, en la cual plantea la tesis que por la vía de la manipulación monetaria se podía alcanzar pleno empleo, y crecimiento económico sostenible. Para Keynes lo importante era bajar las tasas de interés a cero, violando así la premisa praxiológica de la preferencia temporal, con lo cual ya no habría proyectos que no fueran rentables, y todo el mundo podría comprar su casa, su carro, y otras necesidades al crédito con tasa cero. Suena fantástico y absurdo, pero esa tesis económica es la que ha dominado a todo el mundo durante los últimos 70 años, con los ciclos económicos que son consecuencia de romper leyes económicas básicas. Keynes además fue el intelectual atrás de la creación del Banco Mundial y del FMI.
Hace casi diez años que Alan Greenspan manipuló las tasas de interés para acercarlas a cero –lo cual nos trajo una recesión globalizada– la más importante en los últimos 60 años. Su sucesor Ben Bernanke –que sigue las mismas políticas monetarias keynesianas– ha sido nombrado por la revista Time como la persona del año, por “su esfuerzo por salvar la economía mundial”.
Me costó comprender cómo Time premia a alguien que está haciendo la misma manipulación del dinero y del crédito, que causó el gran problema que se supone que está resolviendo, pero luego de mi asombro, me enteré de que dicha revista hace algunas décadas otorgó la misma distinción a los genocidas más grandes de la historia: Hitler (1938) y Stalin (dos veces).
Les deseo a todos mis lectores un feliz año 2010.
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