La mitad del período Presidencial socialdemócrata, y la finalización de otro año de gestión gubernamental, imponen el recuento de logros y desaciertos. Es esta una difícil tarea, cuando se busca la objetividad –evidentemente–; todos partimos de “nuestro punto de vista”, entonces “lo objetivo” se construye desde las subjetividades del individuo o de su colectivo, en fin dejemos a las ciencias sociales las disquisiciones. Más modesto, ubico la mirada al año que se va, en los hechos que a mi juicio dan forma a la actitud de los administradores del Estado y señalo lo que a mi juicio es uno de los vacíos fundamentales: una acción contundente para con los pobres del campo.
Pues bien, lejos, muy lejos, de los intríngulis de las ciencias sociales, recojo con beneplácito la apertura de “secundarias” en todos los municipios del país, este es un paso de siglos, Ana de Molina “se la jugó” poniendo en riesgo los presupuestos –desafiando a la burocracia de carrera–, única forma de lograrlo. Por igual, saludo la ampliación de cobertura en educación primaria, las Escuelas Abiertas y las transferencias condicionadas –sumándome a la exigencia de transparencia en las mismas–. En salud –esta sigue enferma–, no se trata sólo de abrir los hospitales más horas a la consulta externa, acá el tema de los insumos se quedó muy corto, la gratuidad –ninguna novedad– no es sinónimo de buen servicio. Muy por el contrario, la atención fue magra y la cosa cambió para peor. No se trata sólo de buena voluntad. El foco de atención y gasto continúa siendo el área metropolitana. En el ámbito del empleo y la seguridad democrática para la ciudadanía, la cosa es obvia. No existe inteligencia, ni valentía para encarar ninguno de los dos ámbitos. El fracaso es estridente.
En el agro la gestión ha sido paupérrima, altamente deficiente, sin luces, sin propuestas, con diálogos para entretener la nigua. Pro Rural –invento de los electoralistas– no pasa de hacer publicidad y de intentar garantizar futuros triunfos electorales. Demagogia. Acá el balance es desastroso. En tal sentido, Presidente: dedicar su último esfuerzo al agro –no le queda más– es lo que puede trasmutarlo a la historia. Implementar la política consensuada con las organizaciones campesinas es la opción. Esto significa dinero y acción política. Quedan dos años para cumplir la promesa de gobierno campesino. Esta materia está en rojo. Presidente aún tiene una oportunidad en el escueto escrutinio de la historia. Es el desarrollo rural y el agro en particular la posibilidad de tránsito al desarrollo, lo demás es demagogia.
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