La lucha contra el calentamiento mediante la transformación de actitudes y comportamientos es prioridad, según el ministro de Ambiente, Luis Ferraté.
El año pasado culminó con una serie de noticias poco alentadoras en el ámbito ecológico. La esperada cumbre sobre el cambio climático en Copenhague terminó en un tibio acuerdo sin demasiados compromisos. En Guatemala, el florecimiento de una cianobacteria en el lago de Atitlán reveló un alto grado de contaminación.
Y 2010, declarado el Año Internacional de la Biodiversidad por la Asamblea General de las Naciones Unidas, se perfila en el país como un año de condiciones climáticas extremas.
Luis Ferraté, ministro de Ambiente y Recursos Naturales, considera que el primer reto ambiental para el próximo año es el cambio climático, “que seguirá afectando con sequías e inundaciones”. El segundo, cambiar de actitudes y comportamientos para adaptarse a estas nuevas condiciones. “Si no logramos cambiar el comportamiento de las personas” aduce el ministro, “seguirán tirando basura y contaminando”.
Carlos Cerezo, abogado ambiental, concurre. “Nuestro mayor reto es el cambio climático. Es por esto que hay que consolidar proyectos de reducción de emisiones y degradación ambiental”, opina. “Hay que incorporar el componente ambiental en la legislación nacional”.
Diana Ramírez, de la ONG Defensores de la Naturaleza, apuesta por “fortalecer a las instituciones ambientales para que puedan realmente trabajar por el medio ambiente y no por intereses ulteriores”.
La prioridad, según Ramírez, es reducir la contaminación de las aguas, como en los lagos de Amatitlán y Atitlán, y extender la atención a otros lagos y ríos. Además, es importante contener o prevenir los incendios forestales, por las sequías previstas para este año.
Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), cada hora, 3 especies desaparecen para siempre. Eso significa que cada día perecen unas 150 especies, y cada año entre 18 mil y 55 mil. Las tasas de pérdida de diversidad son alarmantes.
Para conservar la biodiversidad no sólo hay que tomar medidas para gestión y planificación de los espacios protegidos, sino tratar de contener el calentamiento. Esto se consigue reduciendo las emisiones, con lo que se aumenta la capacidad de las plantas y los animales para dispersarse o reubicarse.
Las soluciones para luchar contra el cambio climático, según Ferraté, están en manos de todos. “Se pueden hacer cosas en el propio hogar, como ahorrar y procesar agua, ir al supermercado con una bolsa de tela y no utilizar bolsas de plástico, utilizar bombillas ahorradoras, alimentarse lo más naturalmente posible y comprar productos nacionales”, dice.
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