Las decisiones presidenciales sobre el salario mínimo han contribuido en los últimos 14 años a un incremento de Q38.40 diarios para los trabajadores.
Ante la falta de consensos entre el sector laboral y empleador ha sido responsabilidad del presidente de turno establecer el valor del salario mínimo. La historia de los últimos cuatro mandatarios ha sido de decretar incrementos desde el 0 hasta el 20 por ciento.
El salario mínimo vigente en 1996 para las actividades no agrícolas era de Q17.60 por día y para este año por decisión presidencial pasó a Q56, es decir que ha experimentado un incremento de Q38.40. Mientras que para los trabajadores del campo el salario aumentó de Q15.95 a Q56 diarios.
Durante la presidencia de Álvaro Arzú, que inició en 1996 se aprobaron 3 incrementos salariales que alcanzaron un 32 por ciento y que dejaron los salarios del campo y de la ciudad en Q23.85 y Q21.62, respectivamente.
El período de Alfonso Portillo trajo un alza de 54.1 por ciento durante 3 años en los que estableció incrementos de hasta un 20 por ciento. Del 2001 al 2004 se incrementó de Q25.08 a Q39.67 el salario para la ciudad y de Q27.67 a Q38.60 el agrícola.
Los aumentos otorgados por su sucesor fueron moderados. Óscar Berger incrementó en 3 ocasiones los salarios elevándolos a Q47.88 y 47.03. Este último año decretó un salario mínimo de Q47 para las actividades de exportación y maquila.
Por su parte, Álvaro Colom, que asumió la presidencia en 2008 ha aumentado en 2 ocasiones los salarios. La más reciente decisión publicada la semana pasada otorga un alza de Q4 para todos las actividades.
El sector sindical exige que el salario mínimo se incremente a más de un 100 por ciento para equipararse a los Q119.15 diarios que se necesitan para cubrir el costo de la canasta básica vital.
“Debería ser del 125 por ciento pero obviamente tendría una repercusión en la pequeña y mediana empresa”, dijo Edgar White, ex integrante de la Comisión Nacional del Salario.
Para Luis Linares, ex ministro de Trabajo, los incrementos deben ser del 10 por ciento cada año, sin cambios bruscos pero que superen el nivel de la inflación.
Una de las repercusiones de los incrementos elevados es el aumento de la informalidad, aseguró Carlos Arias, representante del sector empresarial. “Con Portillo el sector informal pasó del 52 al 76 por ciento. Hay pruebas históricas de que las acciones equivocadas traen resultados malos”, dijo Arias.
Según los consultados la discusión para fijar los salarios debería iniciarse en enero para lograr consensos entre los sectores y proponen que se establezcan salarios mínimos para diferentes actividades, así como la productividad como una medida para aumentar los salarios.
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