El pasado 29 de diciembre de 2009 se cumplieron 13 años de la pacificación del país mediante el Acuerdo de Paz firmado para finalizar el enfrentamiento armado interno en Guatemala. Transcurrido ese tiempo, lentamente pero muy seguros, los ideólogos radicales de la izquierda se han apoderado del Estado y siguiendo su estrategia: “Los Acuerdos de Paz no son rendición; son otro método de lucha”. La están llevando a la práctica: se han propuesto mantener el pasado como algo que viva en el presente al disfrazar de justicia el odio y venganza contra quienes cumpliendo con su deber constitucional, durante más de 30 años, defendieron y entregaron su vida para librar de las garras del comunismo al Estado guatemalteco. Hoy, estos fanáticos del conflicto enquistados en instituciones del Gobierno, insisten en su objetivo y están entregando el país al crimen organizado, el narcotráfico, y promueven toda una serie de actividades que está creando el escenario de un nuevo enfrentamiento posiblemente más sangriento que el anterior, pero ahora con un ejército reducido y debilitado. Su estrategia se enmarca en hacer creer a la población que esta situación es consecuencia de la actuación de las fuerzas de seguridad del Estado durante el conflicto armado y, con ello mantiene señalamientos contra quienes resguardaron el Estado. Esas manifestaciones y maniobras tienen como propósito cumplir con lo que en una de sus tantas alocuciones Yuri Andropov sentenció: “…de esto se origina la necesidad de aislar a las fuerzas armadas de la población civil para debilitarla, degradarla y en el futuro poder aniquilarla”. Y daba como uno de sus objetivos: “Mantener campañas de desinformación interna y externa sobre el rol de las fuerzas armadas, para abrir una profunda brecha entre el Ejército y las masas populares para debilitarlo”. Esto lo están ejecutando mediante campañas fundamentadas en la mentira y un plan de persecución penal contra militares que se vieron involucrados en el conflicto armado, desde la Secretaría de la Paz (Sepaz) y con fondos del Estado que deben supuestamente ser destinados a fortalecer la paz y la reconciliación. Desde esa oficina se organizan y controlan todas las actividades de toma de carreteras y otro tipo de protestas que sencillamente son ensayos para algo más grande.
Con este panorama se cumplen 13 años de la “firma de la paz”, 13 años durante los cuales se ha negado el justo reconocimiento a quienes ofrendaron lo más sagrado que Dios nos dio, la vida. Jamás se ha reconocido el dolor de los lisiados de guerra, viudas y sobrevivientes que lucharon por la libertad y la democracia de Guatemala. Nunca se ha reconocido el sacrificio de oficiales, especialista, soldados, comisionados militares, patrulleros civiles, caballeros cadetes: muertos en combate y otros secuestrados y asesinados. Jamás han sido invitados en cada celebración de la firma de la paz para ser reconocido su heroísmo. El reconocimiento a los verdaderos héroes de la patria por hoy está ausente. Algún día llegará, mientras tanto, seguirán siendo Los héroes olvidados.
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