La inflación de asesinatos a lo largo del territorio nacional ya no solamente es alarmante, sino también desmoralizadora.
La inflación de asesinatos a lo largo del territorio nacional ya no solamente es alarmante, sino también desmoralizadora. Las muertes brutales son noticia todos los días, al punto que más mueren diariamente en Guatemala que en Afganistán, a pesar de que este país se encuentra en guerra. Los 20 asesinatos diarios son una verdadera tragedia nacional.
Nadie está seguro en esta tierra ensangrentada. Todos estamos en riesgo de perder la vida en cualquier momento. Nos pueden matar por extorsiones, robos, asaltos, violaciones, secuestros, venganzas, etcétera. De cualquiera se teme, especialmente de los policías, que se han convertido en lo peor de lo peor. El terror de Estado también es otro fantasma que se mantiene, ya que las “gusaneras” siguen reproduciéndose en el sector público.
Cabe traer a colación que de 2008 a 2009 aumentaron los robos de vehículos en un 46 por ciento, en tanto que las extorsiones y secuestros también se han incrementado dramáticamente.
Lo más lamentable es que los recursos que se presupuestan para seguridad pública son desviados hacia otros destinos, principalmente clientelares. La justicia tampoco cuenta con suficientes recursos. Asimismo el crimen organizado no sólo está gozando de prosperidad e impunidad, sino que hasta disfruta de protección de buena parte de las fuerzas de seguridad del Estado. Asimismo los mafiosos y pandilleros se dan el taco de brindar seguridad y garantía de vida a la población que habita en los “territorios ocupados”, que, a estas alturas, son vastas extensiones.
Las autoridades, como siempre, tratan de convencer a la gente de que están haciendo algo a través de campañas de propaganda multimillonarias, las cuales se han incrementado escandalosamente (con los consecuentes réditos para los publicistas allegados al régimen). Empero, la población vive la realidad y se percata de que el fracaso es total.
El Gobierno siempre pide más, pero todos sabemos que no hay dinero que alcance a los politiqueros. Los servicios públicos esenciales (justicia, seguridad, educación, salud) no mejoran, aunque cada día se pagan más impuestos.
Mientras tanto la psicosis y la paranoia se apoderan de los guatemaltecos. ¿Quién puede dormir tranquilo así? ¿Quién puede trabajar o estudiar así? ¿Quién puede transitar por las calles sin temor a ser asesinado o gravemente lesionado en el mejor de los casos?
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
18 comentarios: