Aun en medio de las crisis económicas que nos afectan desde hace más de un año, entre el desplome de las bolsas de valores, de la crisis que nos anuncia Dubái tras caerse su imperio económico y las inversiones en los grandes proyectos arquitectónicos, la subida sostenida del petróleo y los bancos que llevaron a la quiebra a millones de personas en el mundo, tenemos derecho a soñar y planificar nuestra vida para este año recién iniciado. Nuestros sueños y aspiraciones no pueden quedar pospuestos para un mañana, para un después, quizá pronto o que se queden en la indeterminación de un carácter débil. En esta temporada de buenos propósitos es bueno planificar el éxito interno, personal, familiar y laboral.
Muchos casos se dan que sufren el torbellino de la resaca económica que dejaron los excesos de gastos en las fiestas de fin de año. Sufrir la penosa cuesta de esta primera quincena, mientras llega el pago del otro 50 por ciento del aguinaldo o del pago de la quincena, pero mientras tanto para paliar el momento se recurre a los famosos préstamos que siguen ahondando el agujero de la limitación presupuestaria, cuando se vienen los gastos de inscripciones, compra de útiles y pago de las primeras letras de lo que se compró a crédito. Esas son las consecuencias de la falta de planificación o del afán de obtener bienes que muchas veces son parte de los lujos que exceden nuestro cálculo entre lo que tuvimos, y gastamos más de eso.
Mucho se habla de las deudas y los deudores, hay deudores compulsivos que convierten esta práctica en algo normal y necesario. Hay deudores por necesidad que precisan un bien y no tienen el recurso monetario para obtenerlo. Otros por vanidad, por envidia, por egoísmo, por entusiasmo. Pero también así como se habla de deudores también se habla de personas previsoras que supieron manejar sus recursos, y no me estoy refiriendo a grandes ingresos, sino a la distribución sabia que les ha permitido ahorrar. Y esas personas se limitaron por un tiempo, pero lograron tener mejores ofertas y mejores condiciones de compra, no pagaron intereses y les quedó un remanente para otras necesidades o para mantener un capital, aunque pequeño, hay algo guardado para cualquier emergencia.
Pero la inconsistencia humana impide hacer realidad estos propósitos, porque luego los abandonamos. Empezamos pero no llegamos al final. Nos proponemos ahorrar para no pasar penurias dentro de un año, pero el proyecto es abortado al poco tiempo. Nos proponemos ir al gimnasio para botar esas libras que se acumularon, pero el ejercicio nos agota y dejamos poco a poco la disciplina para alcanzar un cuerpo más saludable. Los recién graduados con la ilusión de llegar a la universidad a seguir una profesión. De repente –eso es después del descanso de la semana mayor–, ya no hay deseo de volver a clases, el otro año empezar otra carrera y así sucesivamente. Cuando el tiempo pasa, no hay fruto, no hay título, solamente se queda en un sueño vano, irrealizable.
Habría que hacer una agenda de propósitos y resaltar con un marcador lo que se ha logrado alcanzar por esfuerzo propio. Ahorrar por lo menos un 10 por ciento del salario obtenido, dinero que no debe ser comprometido. Hacer un listado de necesidades y darle prioridades y tratar de comprar todo al contado. Hacer ejercicio para sentirnos bien físicamente, ser buenos padres, buenos jefes de familia, dar amor a nuestros seres queridos y al prójimo. En diciembre podemos hacer el balance para sentirnos realizados, y tener un estilo de vida que nos permita tener sanidad en nuestras finanzas, buena salud física y espiritual. Pero la clave está en que nuestra visión no se pierda y sea una constante en 12 meses.
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