El 12 de marzo del año pasado cobró vigencia el Acuerdo Gubernativo 64-2009, por virtud del cual se creó la Comisión de Desclasificación de los Archivos Militares del período comprendido entre 1954 y 1996. Dicha comisión cuenta con un plazo de diez meses, que vencen el lunes 11 del presente mes, para entregar un informe al Presidente con base en el cual, este último, como Jefe de las Fuerzas Armadas, deberá decidir qué información ya no podrá seguir considerándose secreto de Estado. Este es un evento que quizás ha pasado inadvertido pero que puede llegar a tener una gran relevancia en los esfuerzos para la consolidación de un auténtico Estado de derecho en Guatemala.
El presidente Colom tiene una oportunidad de oro para contribuir de manera decisiva en la materialización del derecho a saber la verdad, como parte esencial del derecho a una justicia real que además redunde, tarde o temprano, en la tutela eficaz de los derechos humanos en nuestro país. Este no es un tema de ideologías de izquierdas o derechas, ni mucho menos de venganzas o represalias por hechos o acontecimientos del pasado. Se trata, ni más ni menos, de la única manera de detener la situación de impunidad en la que vivimos y de recobrar gradualmente la confianza en el sistema de justicia.
En la trascendental decisión que deberá tomar el Presidente en este sentido, no puede obviar lo ya resuelto por la Corte de Constitucionalidad en marzo de 2008, en donde ordenó hacer públicos los planes de campaña conocidos como “Victoria 82”; “Firmeza 83”; “Plan Sofía” y “Plan Ixil”. Tampoco puede olvidar el Presidente que la misma Ley de Acceso a la Información que él sancionó, en su Artículo 24 establece que “en ningún caso podrá clasificarse como confidencial o reservada la información relativa a investigaciones de violaciones a los derechos humanos fundamentales o a delitos de lesa humanidad”.
Si en el caso Rosenberg, evidentemente, no sólo el Presidente sino todos los guatemaltecos deseamos realmente saber la verdad de todo lo sucedido, ¿cómo podemos negar ese mismo derecho a miles de guatemaltecos que sufrieron atrocidades casi impensables durante los años 54 a 96 del siglo pasado? ¿Queremos justicia? Que sea pareja entonces. Y no puede haber justicia real sin saber la verdad. Así de simple. Así de desgarrador, si quiere. Pero es la única forma de reencontrarnos en el sendero de una paz genuina.
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