El debate sobre política educativa se ha trasladado de un énfasis en la cantidad –velar por la incorporación y permanencia de los alumnos en las escuelas– y hacia la calidad –garantizar que los estudiantes logren los aprendizajes esperados–. A pesar de la relevancia del tema, varios informes internacionales señalan que Guatemala se encuentra a la zaga de los demás países del continente. Por ejemplo, una publicación reciente del Preal presenta los datos del Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo (SERCE), realizado por la UNESCO para evaluar el rendimiento académico de los estudiantes en el tercer y sexto grados en matemática, lectura y ciencias en 16 países de América Latina. Dicho estudio reporta que los alumnos de nuestro país puntearon significativamente por debajo del promedio de la región en todas las áreas evaluadas. De hecho, más de la mitad de los estudiantes guatemaltecos de tercer grado rindieron en el nivel más bajo en las pruebas de matemática y lectura. La situación es inadmisible. Los resultados obtenidos exigen que establezcamos estándares altos de aprendizaje y trabajemos arduamente para que los mismos sean alcanzados. Por ello, el comienzo de 2010 representa una oportunidad que debe ser aprovechada para revertir esta problemática.
Lamentablemente, como si el panorama fuera otro y como si no tuviéramos tiempo que reponer ni situaciones que corregir, el ciclo escolar arrancó con el anuncio del inicio de clases por parte del Mineduc y, en aparente contradicción con este llamado, también con la convocatoria por parte de la Asamblea Nacional del Magisterio a realizar asambleas permanentes y la amenaza de suspender el proceso de inscripción, con lo cual muchos niños podrían quedar fuera de las escuelas. Mientras que los alumnos y maestros debieran estar concentrados plenamente en prepararse lo mejor posible para el inicio de actividades y en alistarse para emprender con ilusión nuevos aprendizajes, la atención se disipa ante el inminente paro de labores, en medio de negociaciones diversas. Esta dinámica no permitirá disminuir los déficits de cobertura y calidad. La crisis presupuestaria que afronta el Gobierno ocasionará que el Mineduc no pueda hacer frente a los múltiples compromisos adquiridos, dificultándose así la puesta en marcha de la política de gratuidad de la educación y otras acciones en marcha. Sin embargo, aunque es evidente la gran repercusión que la falta de recursos tendrá en la labor docente en todos los establecimientos educativos, ninguna medida que termine afectando aún más a los niños y su oportunidad de aprender debe ser admitida ni respaldada. Los alumnos son la razón de ser del sistema educativo, por lo que merecen que el ciclo escolar inicie satisfactoriamente.
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