La capital concentra al 72 por ciento de los casi 14 mil médicos que hay en el país. Es un mercado saturado y competitivo, pero el interior de la república ofrece pocos incentivos y mucha incertidumbre para atraer los consultorios.
Algunos colegas de Léster García lo creen un suertudo porque en su consultorio en Tiquisate, Escuintla, le abundan los pacientes y sus ingresos mensuales nadan con holgura entre los cinco dígitos. “Qué suerte tenés”, le palmean la espalda aquellos que, médicos especialistas y capitalinos como él, se quedaron en la ciudad y ganan la mitad a pesar de trabajar en un hospital nacional, hacer turnos y atender una clínica privada.
En Escuintla ejercen 223 médicos (el 1.6 por ciento del total del país), según la base de datos del Colegio de Médicos y Cirujanos (Colmedegua) actualizada a julio de 2009. En el país hay 13 mil 588 médicos colegiados vivos y el 80 por ciento se concentra en la capital y Quetzaltenango. Así, mientras en el departamento de Guatemala hay 310 personas por galeno, en Quiché hay uno por casi 10 mil habitantes.
Los médicos no sólo están mal distribuidos, sino que hay pocos especialistas. Entre el 50 y 60 por ciento son médicos generales, sin ninguna especialidad, de acuerdo con un estudio sobre recurso humano en salud que realizaron estudiantes de medicina de la Universidad de San Carlos en 2008.
Léster García llegó a Tiquisate hace 8 años para realizar la práctica supervisada de ginecología. Era el municipio disponible menos lejano, a 145 kilómetros y 2 horas de distancia de su casa. Pero ya graduado decidió no volver a la capital. El pequeño pueblo donde las consultas médicas se cobran a Q50 y los pacientes exigen la reconsulta gratis, le prometía más oportunidades que la gran ciudad. Léster fue el primer ginecólogo (ahora hay 6) y encontró ahí un generoso volumen de pacientes fieles y más servicios que ofrecerles, no sólo como ginecólogo sino como médico de cabecera.
La mayoría de médicos especialistas se queda en la capital: alrededor del 70 por ciento. Los registros del Ministerio de Salud dan cuenta de que en la región metropolitana se ubican 903 clínicas privadas de especialistas (el 70 por ciento), mientras que Totonicapán sólo hay una y en Jalapa, 5.
Son pocos los especialistas que se aventuran a radicarse en un pueblo. Y no a todos les va bien. En Tiquisate, 60 galenos han realizado su práctica supervisada y sólo 4 optaron por quedarse. “Es que esto no es la gloria”, asegura Léster.
Mientras afianzaba una cartera de clientes vivió dos años solo. Atrasó la boda y los hijos, pero pronto volverá a quedarse solo cuando su esposa y sus hijas viajen a la capital en busca de un buen colegio. “La vida en los pueblos no es fácil: la educación es deficiente, se come mal, el clima es extremo, hay poco entretenimiento. Estás lejos de tu casa, tu familia y amigos. Es un gran sacrificio”, sostiene.
La capital, el lugar donde ejercen siete de cada diez médicos, es un mercado sumamente competitivo. “Está saturado, ya no hay oxígeno para todos”, lo describe Mario López, el presidente del Colmedegua.
La capital no está totalmente cubierta. Hay zonas marginales o suburbanas que no brindan la atención médica apropiada.
Pero los médicos no quieren ir ahí por los asaltos y extorsiones, explica Jesús Oliva, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de San Carlos. Mientras que en los sectores de alta concentración de consultorios privados (zonas 10 y 15), la competencia es tan dura que si el médico es novato y está solo, requerirá muchos años de paciencia para que forme una cartera de clientes.
Un médico especialista graduado debe pasar varios meses con la clínica vacía, en espera de pacientes. Si tiene suerte conseguirá una plaza en un hospital estatal cuyo salario rondará los Q10 mil y le servirá para sostenerse él, la familia y los gastos del consultorio. Pero el Estado (incluyendo al Seguro Social) sólo contrata alrededor del 27 por ciento de los médicos guatemaltecos, según el “Estudio sobre Recursos Humanos en Salud en Guatemala”, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Para sobrevivir, algunos médicos se dedican a otras actividades laborales como la visita médica o la venta de equipo médico. O se asocian con colegas con más experiencia. El informe de la OPS, pendiente de publicación, cita que el 43 por ciento de los médicos está pluriempleado, el 30 por ciento subempleado y el 4 por ciento, desempleado.
Cada década, desde 1980, se forma un promedio de 3 mil 550 nuevos médicos, de acuerdo con una publicación del Colmedegua de 2009. Hasta ahora, estos galenos se han ubicado principalmente en las zonas urbanas porque es ahí donde se pagan mejor sus servicios. Las zonas rurales tienen peores indicadores de salud, pero también mayor pobreza, por lo que sus habitantes no pueden costear los servicios de un profesional.
En Guatemala, el 57 por ciento del gasto total en salud es pagado directamente por las personas, principalmente por eventos de enfermedad. Ante la ausencia del Estado para proveer los servicios públicos de salud necesarios, la primera opción de salud es el ámbito privado, explica Gustavo Estrada, gerente de políticas de salud del proyecto USAID/Diálogo para la Inversión Social. El gasto de bolsillo en salud de Guatemala es uno de los más altos de América Latina.
El Informe de Desarrollo Humano 2008 señala que una persona de estrato socioeconómico alto gasta Q1,966 al año en salud. La del estrato medio gasta Q560. Y la de un estrato bajo sólo invierte Q60. No es de extrañar que los médicos, como profesionales que buscan percibir ingresos, se sitúen en las áreas donde los pacientes puedan pagar por sus servicios y donde las condiciones de vida para él y su familia sean aceptables.
Guatemala cumple con el estándar internacional de contar con un médico por cada 10 mil habitantes. Hay 10 por cada 10 mil, pero mal distribuidos.
El estudio inédito de la OPS demostró que casi las tres cuartas partes del recurso humano en salud (médicos, enfermeras y parteras) están concentradas en Guatemala, Quetzaltenango, Sacatepéquez y Escuintla. En tanto que departamentos donde la disponibilidad es menor, como Totonicapán, Sololá, Baja y Alta Verapaz y Quiché, poseen algunos de los peores indicadores de salud del país.
En la Facultad de Ciencias Médicas de la Usac ya se han planteado la necesidad de desconcentrar la formación del recurso humano. Jesús Oliva Leal, decano, explica que una de las soluciones es abrir más sedes de la carrera de medicina fuera de la capital. Actualmente la universidad estatal imparte medicina en Guatemala (5 mil alumnos), Quetzaltenango (1,800) y Chiquimula (750). Este año empezará a funcionar la sede en Cobán con 65 estudiantes y hay solicitudes para abrir más en Petén, Huehuetenango, Chimaltenango, San Marcos y Escuintla. La carrerra se imparte en 4 universidades privadas.
Oliva explica que al desconcentrar el campus central y extender las residencias de especialidades en los hospitales del interior del país, muchos profesionales optarán por permanecer en sus lugares de origen, donde está su familia.
Pero motivar a los médicos a que ejerzan en los lugares más necesitados de atención médica; es decir las áreas rurales y más pobres, es más complejo.
El informe de la OPS resalta que, en las condiciones actuales, llevar a profesionales de la salud a localidades de extrema pobreza provoca irremediablemente un deterioro en las condiciones laborales y de calidad de vida del personal. Es el caso de Luis de la Roca, un médico general con posgrado en investigación que por 8 años fue médico ambulatorio del Ministerio de Salud en las Verapaces, junto con tres galenos cubanos y otro guatemalteco. Luis vivía en Cobán, su familia en la capital y laboraba en El Polochic. No tenía prestaciones y del salario de Q8 mil apenas le alcanzaba para pagar los costos del transporte. “Entré como salí: sin dinero”, cuenta. Ahora vive en la capital y es investigador. El 90 por ciento de esas plazas son ocupadas actualmente por enfermeras, dado el poco interés que despiertan en los médicos.
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