Castresana da líneas para investigar el asesinato de Musa, corrupción en pasaportes, DPI y falsedad de Gándara.
El doctor Carlos Castresana me dijo en una conversación: “Digerir el caso Rosenberg es como comerse un cordero entero”. Yo le agregué, “es como comerse un cordero entero y vivo”.
No puedo encontrar una mejor analogía para definir lo difícil que se me hizo procesar y comprender la manera en la que Rodrigo Rosenberg planificó su muerte. Castresana lo definió como uno de los crímenes más extravagantes e increíbles de todos los tiempos.
Sin embargo, es mi obligación reconocer que la investigación de Castresana es contundente, precisa y magistral. Es la primera vez que vemos a 300 investigadores trabajando 8 meses para esclarecer un asesinato. Y no me queda más que rendirme humildemente ante las pruebas científicas, circunstanciales, y testimoniales y aceptar que la justicia muchas veces da los resultados esperados, pero es la verdad y debe respetarse. Pues sólo a través de la verdad y la certeza jurídica es que Guatemala puede levantarse.
Desde el punto de vista humano, la muerte de Rosenberg conmueve. “No puedo dejar de llorar y siento que me estoy desintegrando”, fue el mensaje que escribió a uno de sus allegados antes de morir. Castresana concluye que su estado emocional y la presión lo llevaron a “sacrificar su vida a cambio de que el país cambiara. Quería abrir la caja de truenos” porque se sentía impotente, como abogado, al no tener las pruebas para esclarecer el asesinato de Khalil y Marjorie Musa y revelar los sucios negocios estatales que conocía.
Si lo que Rosenberg quería era levantar a la sociedad a reclamar justicia, lo consiguió. Por primera vez en muchos años, se organizó la sociedad civil para exigir justicia, conseguir la aprobación de la Ley de las Comisiones de Postulación y fiscalizar la elección de jueces honestos.
Seguramente, en una sociedad sana, como la de Suiza, sería imposible pensar en estos extremos. Sin embargo, en un país enfermo como Guatemala, donde reina la impunidad, corrupción, muerte y desesperación lo imposible se convierte en realidad.
Ahora que el asesinato de Rosenberg está esclarecido y en mano de las cortes, no queda más que ver para adelante. Se ha demostrado que es posible clarificar miles de asesinatos impunes, con voluntad y fortaleciendo el MP; mientras que la institucionalidad del país se afianzó al confirmar que no existió complot político y que el presidente Colom y sus allegados no están implicados, al menos en el asesinato.
No obstante, el Presidente debe moderar su tono triunfalista, pues esto no lo excluye a él y su régimen de las acusaciones de negocios estatales sucios y aún falta resolver el caso Musa.
Cuando estudiaba periodismo, un maestro me decía: “¡Que un árbol no te impida ver el bosque!”. Y si bien es cierto, es lamentable la manera en que Rodrigo acabó con su vida e involucró a muchos sin pruebas, existe un reclamo en sus acusaciones que apuntan a hechos reales y según el mismo Castresana, abren nuevas líneas de investigación: el esclarecimiento del asesinato Musa y su relación con Fedecocagua y Anacafé. Además, falta información sobre los fideicomisos cafetaleros en Banrural y las 53 cuentas que Cohesión Social maneja en este mismo banco.
Otra investigación que CICIG deja abierta son los negocios corruptos entre el régimen de Colom y su financista Gregorio Valdés.
Castresana reveló pistas vitales que ahora deberán investigarse. Por ejemplo, una reunión en las navidades de 2008, en el despacho presidencial donde se encontraban Gustavo Alejos, Luis Mendizábal, el presidente Álvaro Colom y Gregorio Valdés, donde se acordó entregar la concesión millonaria del DPI a Valdés y las licencias a Mendizábal. Con el aval de Colom se hicieron estos negocios y también se sugirió la remoción del ministro Jiménez por Gándara, debido a que el primero no entró en las componendas.
Además, la investigación reveló otro dato repugnante. La falsedad del entonces ministro Gándara al contratar y pagar a un testigo falso para incriminar en el asesinato de Rosenberg a Roxana Baldetti, Otto Pérez y el Partido Patriota. Una calumnia preocupante, donde además se utilizó el helicóptero asignado a la esposa del Presidente, Sandra de Colom, para desprestigiar a su contendiente político. Esta maniobra pone en evidencia que este Gobierno no tiene moral para destruir a sus adversarios.
Por otro lado, se pone otro tema en el tintero: vivimos en un país donde los sicarios se contratan a la vuelta de la esquina y donde el valor a la vida se perdió. De eso hablaré en la próxima.
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