La Fiscalía interceptó 14 teléfonos de la banda que asesinó a Rodrigo Rosenberg y así fue testigo de los negocios, logros, problemas y traiciones entre sus integrantes.
Mientras los 12 integrantes del grupo que asesinó a Rodrigo Rosenberg celebraban sus éxitos criminales, pactaban negocios, hablaban de sus problemas y conspiraban para asesinar, fiscales eran testigos de todo: 14 teléfonos celulares fueron intervenidos por órdenes judiciales, explicó el pasado martes el jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), Carlos Castresana.
Escucharlos durante más de un mes hizo comprender a la Fiscalía que los acusados eran profesionales. Daba lo mismo si era matar a un ciudadano cualquiera o a un político; si la misión era secuestrar, robar droga, dinero o si la muerte servía como un medio para resolver problemas.
El grupo se fraccionó, según la acusación presentada por el Ministerio Público (MP) en el juzgado donde se presentan el resultado de la intercepción a los celulares, cuando empezaron a perder negocios. No imaginaron que era porque los escuchaban, sino creyeron que había un “traidor” entre ellos y el dedo apuntó a dos de los integrantes que debían morir. Esto más el plan de asesinar a Magno Lemus, alcalde de Moyuta, Jutiapa –quien murió el 12 de octubre de un sospechoso paro cardíaco– aceleró las órdenes de captura.
Pero en ese mes el grupo también planeaba el secuestro de un ciudadano coreano y de otra persona; el crimen contra un Gobernador y un funcionario de la Portuaria Quetzal en Escuintla, varios robos de fuertes sumas de dólares en la capital y el interior, además de la intercepción de vehículos que transportaban droga. En uno de esos esperaban ganar Q140 millones.
La banda en realidad estaba compuesta por dos células que trabajaban juntas. Pero en ocasiones realizaban fechorías por separado. Los líderes visibles eran el policía retirado William Santos Divas y el especialista del Ejército, Edwin Idelmo López. Uno hacía trabajos en la capital; el otro, en la Costa Sur. Por conveniencia unieron fuerzas.
La Fiscalía empezó a escuchar los teléfonos del grupo desde el 8 de agosto al 22 de septiembre de 2009. En las primeras semanas los fiscales escucharon desde la planeación del secuestro de un comerciante coreano (Youn Thuel Kim), el soborno a detectives de la unidad de investigación de la Policía y su alianza, hasta la complicidad del comisario de la Policía, Benigno Fuentes, encargado de las seguridad de la zona 1 (capturado el 28 de agosto pasado por el robo de US$300 mil en Chimaltenango).
Escucharlos permitió abortar un plan del grupo para robar dinero y 50 kilos de cocaína en la zona 10 el 4 de septiembre. Un grupo de las Fuerzas Especiales los retuvo. Allí nacieron los problemas pues ellos sospecharon que había un soplón en el grupo que frustraba sus objetivos.
Santos Divas empezó a preguntar a los demás y decirles que sospechaba de Idelmo López. Un día habló con un integrante a quien únicamente han identificado como Soldado –allegado a López– y le dijo: “Edwin andá metiendo casaca en el trabajo del janano (se refería al caso Rosenberg)” y le confesó que había problemas con él. La fidelidad de Soldado era para López y aparentemente le contó. La Fiscalía sospecha que “Soldado” está muerto, creen que lo mató su mismo grupo por informarle de las sospechas.
El 8 de septiembre la Fiscalía escuchó la conversación cuando Santos Divas es advertido por otro integrante del grupo que López había redactado un documento en el cual relataba el crimen de Rosenberg y se lo dejó a un General del Ejército, quien lo haría público si algo le sucedía. Santos llamó al resto del grupo y ordenó la muerte de otro integrante: José Armando Ruano además de López.
El 9 de diciembre la esposa de López llama a Santos y le dice que tiene miedo que maten a su esposo y que presentará una denuncia contra él y los demás en el MP. El 10 de septiembre un hombre llama a Santos y le advirtió que le siguen los pasos, que se cuidara. Santos llamó a los demás y los advirtió para que borraran evidencias: que tiraran los teléfonos. Pero ya era demasiado tarde. A la mañana siguiente fueron capturados.
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