En la historia de la humanidad, se ha echado mano de personajes con poderes o acciones sobrenaturales capaces de sacrificar su bienestar desinteresadamente para enfrentar las garras del mal y salvar al planeta. Desde la mitología, los héroes y dioses llevan a cabo actos extraordinarios para conseguir la fama que sólo está reservada para algunos. En la mitología maya, por ejemplo, un padre que persigue al ladrón de su hija robada por amor, acude a la fuerza del trueno y de los vientos para alcanzarlo. Con su cerbatana mágica lo derriba, o utiliza un espejo capaz de acortar distancias para encontrarlo cuando va sobre un gigante cangrejo hacia el fondo del mar. A los niños se les atrae con ejemplos de seres capaces de escalar edificios, volverse chiquititos (como el Chapulín Colorado), volar o ser invisibles, y todo por defender al mundo del mal encarnado por villanos terribles que a su vez utilizan sus poderes oscuros para hundir al mundo. Esto en una dinámica de maravilla, donde malvados, héroes y magia confluyen.
En la escuela se aprende cómo Tecún Umán, héroe nacional, en una ráfaga de sangre y muerte, enfrentó a desalmados conquistadores, donando su vida a la historia y de paso, el color rojo al pecho del quetzal.
Pero tristemente, el recién nombrado héroe por muchos, sufrió una baja de encantamiento en esta categoría y en medio de complejos veredictos, se derrumbaron héroes y surgieron villanos. Porque no se vale hacer uso de los recursos del mal para obtener un bien ¡bajo ninguna circunstancia! Contratar los servicios de villanos para alcanzar justicia, resulta nefasto para una población ya de hecho desanimada. Con el respeto que se merecen quienes han creído y creen en el heroísmo de Rosenberg, vale la pena recordar que el fin no justifica los medios.
La trama es complicada y perversa, pero para entenderla sin pasiones, habrá que desligarle esa palabra, porque tanto niñez como juventud, se merecen mucho más. Volquemos la vista a los héroes de la vida cotidiana: los que sufren de hambre, los que enseñan en condiciones precarias, los que se suben a una camioneta con el único recurso de un escapulario amarrado al cuello o un amuleto de llavero, mujeres que luchan por sus derechos, los que reclaman justicia para todos, bomberos, artistas, campesinos. Todos los que ponen la vida para servir a su país con entrega, pasión, verdad y valor; sin espectáculos y en silencio.
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