El líder magisterial, Joviel Acevedo, enfrenta el rechazo de una parte de los maestros organizados. Algunas bases del sindicato están en desacuerdo con su llamado a un paro del sistema educativo a partir del 29 de enero hasta forzar la aprobación del paquete fiscal. Una parte de los maestros ve en esta medida una estrategia de apoyo gratuito al Gobierno, aunque según los planes oficiales, más de Q1 millardo de los que prevé recaudar servirían para financiar mejor a la educación pública. Como fuerza de choque del Gobierno, Acevedo es también adversado por quienes favorecen otras opciones partidarias. Pero menos querido aún sería Joviel si buscara lo que verdaderamente le conviene al sistema educativo nacional.
Hoy, el líder magisterial es coherente con lo que siempre ha propuesto: quiere más dinero para educación (hasta Q12 millardos anuales, lo cual supondría el 25 por ciento del presupuesto nacional) para mejorar salarios, contratar más maestros y satisfacer el déficit de 14 mil aulas en el país. Eso es legítimo. Acevedo prioriza la cobertura total educativa dentro del sistema convencional. En cambio, se opone a la propuesta de ampliar progresivamente la cobertura al tiempo que se dota de mayor calidad al sistema vía la capacitación de los maestros y el rediseño de la carrera magisterial hasta convertir al docente en un profesional universitario. A Joviel no le interesa la verdadera reforma educativa. Esa era la opción de María del Carmen Aceña, la cual Acevedo rechazó incluso yendo contra la evaluación de maestros y alumnos.
Joviel y quienes le brindan soporte académico a sus propuestas (el ministro Argueta, el viceministro Cabrera, etcétera) consideran injusto evaluar a alumnos y maestros sin que haya mediado un proceso de capacitación. Cuando Aceña orden´ las evaluaciones, los críticos denunciaroon un supuesto plan para desacreditar la calidad del sistema público y favorecer al privado. Los resultados arrojaron una realidad distinta a la temida.
Joviel y el gobierno de Colom coinciden respecto a la educación. El Ejecutivo tampoco favorece la reforma, sólo ha propuesto un programa para capacitar 5 mil de los más de 120 mil maestros y ninguna mejora a la carrera. En cambio ha estimulado la demanda de servicios educativos hasta saturar las aulas y ha puesto en evidencia la necesidad de contratar más maestros y construir más escuelas.
El niño, sin embargo, recibe clases en un ambiente sin condiciones reales para educarse y carece en la mayoría de casos de maestros apropiados para su enseñanza. Las posibilidades de que se frustre antes de alcanzar la meta del aprendizaje son muchas. Sin embargo, también es innegable que por años, la fórmula inversa, la que prioriza el mejoramiento del sistema antes de universalizar la educación, no ha pasado de ser una promesa cumplida a cuentagotas y que deja a miles de niños fuera del aula.
El reto nacional consiste en lograr ambas cosas cuanto antes. Ofrecer educación a todos los niños mientras se transforma el sistema actual en uno verdaderamente útil, que prescinda de maestros sin vocación y supervise y premie a quienes buscan profesionalizarse. Pero eso riñe con el interés del sindicato. Para Joviel es más apropiado perseguir la cobertura universal y aplazar la calidad.
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