La pérdida de un brazo y dos piernas no fue obstáculo para un hombre que continúa sus actividades normales.
José Manuel González Hue, de 29 años, es un joven que a pesar de las adversidades, ha sabido luchar para sacar adelante a su familia.
A los 15 años de edad inició a trabajar en labores agrícolas. Es el mayor de 10 hermanos, de quienes se hizo cargo por la falta de apoyo de su padre, quien sufría de alcoholismo.
Después buscó otro trabajo como ayudante en una empresa constructora de Escuintla. Posteriormente fue contratado como piloto de una máquina aplanadora entre Honduras y Chiquimula.
El 13 de marzo de 2000 sucedió un trágico accidente en donde perdió las piernas y su brazo derecho. Cuenta que la máquina se resbaló en la orilla del precipicio, pero pudo maniobrarla. Minutos después volvió a su trabajo.
La maquinaria volvió a resbalar, pero esta vez no contó con la misma suerte. Cayó a un abismo de 90 metros de profundidad. Perdió el conocimiento. Cuando despertó en un hospital de la ciudad, se percató que no tenía sus tres miembros.
González cuenta que se sintió abatido al saber la noticia. “Me puse en las manos de Dios, y desde ese día le encontré realmente sentido a mi vida”, dice.
Su carrito, como él le llama a su triciclo, fue adaptado para poder transportarlo a su trabajo y por medio del cual ha viajado a varios lugares fuera de Escuintla.
Practica deporte y en especial la natación. Actualmente ostenta el título de campeón nacional y de Centroamérica en categoría especial. Una terapeuta le enseñó a nadar después de que sufrió el accidente.
Es miembro de un grupo católico. Sus compañeros y amigos lo admiran. Dicen que es un ejemplo a seguir con entusiasmo.
Vive en la colonia Hunapú, Escuintla, desde donde viaja diariamente un kilómetro hacia su trabajo como despachador de gasolina; sus tareas incluyen el cobro a los clientes y la limpieza de los vidrios de sus vehículos. Aunque le fue difícil al principio, aprendió a utilizar su mano izquierda para extender las facturas.
Su jefe, Óscar Vidal, comenta que él trabaja con más empeño y entusiasmo que el resto de sus compañeros.
“Es un verdadero regalo de Dios. Sostiene a sus cuatro hermanos que están estudiando en básico y a tres que están en la primaria. No sabría que hacer sin él”, dice su madre, Alicia Consuelo Hue.
Manuel recomienda a las personas que valoren la vida. “Muchos lo tienen todo, tanto física, social y económicamente, pero si no se valoran a sí mismos y a los demás no tienen nada”, manifiesta.
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