La escena en el Congreso fue más o menos fue así
–Toc toc… ¿De quién es esta oficina?, preguntó el director del Congreso.
–De don Haroldo (Quej), respondió desde adentro un ujier.
–¿Y don Haroldo es diputado?
–No, ya no pero, aquí estoy cuidándole unas sus cositas.
El leal asistente optó por no abrir la puerta, y los disgustados administradores por forzar la chapa y luego cambiarla. Pero hay otra versión del desalojo: la oficina sí es de un diputado, de Eduardo Quej, hermano del ahora asesor. “Esto está claro”, comentó otro legislador, “el FRG está bravo con Eduardo porque se pasó al Partido Patriota”, y por eso lo dejaron sin oficina.
Señores: lo que a continuación relatará elPeladero es real como el día y la noche, pero al mismo tiempo es un secreto guardado con mucho celo en el círculo diplomático. Siéntese, porque esta es una doble historia de hombres fuertes y musculosos que se vuelven débiles ante las mujeres. Todo sucedió en la misma misión diplomática: el mero jefesón descubrió que ahí mismo, en su cama y envueltos en sus propias sábanas, su agente personal de seguridad con una linda muchacha daban rienda, sin pudor ni moderación, a una pasión, vaya no hay palabras, loca. Al poco tiempo fue despedido. Ni falta hace decirlo.
Hay una segunda anécdota, que parece el colmo: dos integrantes del mismo círculo de seguridad, desaparecieron de la noche a la mañana. Y cuando sus compañeros fueron a buscarles a su residencia, adivine qué descubrieron. Da pena decirlo, pero es la meritita verdad: desnudos y amarrados, los guardias, pasaron una noche en la cual, lo único que recuerdan es que las bellas modelos, les dieron algo. Y ¡pum! calleron dormidos. Despertaron sin ropa, sin billetera, sin muebles, sin nada. Y barrida su casa completamente al punto que sus compañeros debieron salir a comprar mudadas nuevas. Hay un rumor que el jefesón quiere contratar ahora a guardaespaldas … ¿cómo decirlo? Más asexuados, o sea no llevados tanto por ese placer que los hace tan débiles.
En el almuerzo que la Cámara de Comercio ofreció a Pepe Lobo, copas relucientes y cubiertos brillantes, sucedió un bochorno que la cara hierve sólo de recordarlo. Verá usted, dispuestos los asientos con el nombre y apellido para ubicar a cada comensal, nunca falta uno que, despistado o descontento con su ubicación, se cambia de silla. Y resulta que este diputado, proveniente de allá del lejano Petén, se atravesó el salón, desatendió el papelito que le ubicaba en una mesa lejana del agasajado, y como una maceta se instaló al lado del invitado de honor: don Pepe Lobo. Quienes observaron la situación, murmuraron, pero callaron, abrieron los ojos queriendo expresar lo que la boca no podía. El trago amargo sucedió de inmediato: los encargados de protocolo llegaron a conminar, palabras corteses, pero duras como tortilla tiesa, al desubicado. Y él muy orgulloso se levantó y se fue. O sea: si no estoy al lado del invitado, me largo. Hay quienes les gusta estar siempre en la foto.
Cuentan que los coqueteos del eferregista Iván Arévalo con el Partido Patriota empezaron a inquietar a la UNE que confiadamente hasta lo dejó sentarse en la mesa de la directiva del Congreso. Sin embargo, dicen que allá por las tierras del diputado en Totonicapán se tomaron ciertas precauciones. El Secretario Departamental ha retomado las riendas y a Iván no se le permitió decidir sobre los puestos administrativos.
A la bancada de la UNE le han puesto el nombre de La Academia. La razón: cada semana anuncian la expulsión de uno de sus congresistas. Los últimos en ser expulsados fueron Ferdy Berganza y Beatriz Canastuj. Según dicen sus opositores al paso que van de ser una bancada mayoritaria podría quedar solo el Presidente del Congreso.
El luto de los familiares del parlamentario Leopoldo Cruz Clavería, quien murió el pasado miércoles, no le importó a algunos trabajadores administrativos del Congreso encargados de ubicar el equipo que se le otorga a un diputado. Según fuentes del Congreso, ni siquiera se había terminado el sepelio, cuando ya los diligentes burócratas habían acudido a la familia para pedir de vuelta la laptop asignada al legislador.
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