Un país de bosques y de aguas limpias.
El auge del discurso sobre cambio climático en la política internacional nos permite repensar el desarrollo sostenible. Aunque en Guatemala la huella de CO2 es insignificante, los efectos se dejarán sentir desproporcionadamente y por tanto es necesario adaptarnos a ellos.
Afortunadamente no es demasiado tarde y si se salvan los recursos naturales que aún quedan, el país podrá sobrellevar mejor estos efectos, con la ventaja que también tienen el potencial de ser motores de desarrollo.
Ello requiere un modelo económico compatible con políticas sociales que reduzcan la pobreza y garanticen que el país sea competitivo en el siglo XXI, mejoren las condiciones de vida de todos e integren la conservación de los recursos naturales.
Aun cuando es evidente que nadie quiere un país desertificado, con tierras y aguas agotadas o contaminadas, con ciudades no aptas para vivir o basureros saturados, también es innegable que actualmente carecemos de un plan de desarrollo sostenible.
La deforestación en el país es insostenible; las técnicas agrícolas ineficientes y dañinas al medioambiente; inapropiadas las políticas de planificación urbana, regulación del agua y saneamiento, manejo de desechos sólidos o implementación eficaz de la conservación de la biodiversidad.
Para nosotros un modelo viable sería similar al de Costa Rica. Considerado internacionalmente como líder en temas medioambientales, ese país “se ha asegurado de que su crecimiento económico no sea a costa de los recursos naturales, y aprovecha exitosamente los vínculos entre protección del medio ambiente y reducción de la pobreza”, según el Banco Mundial.
Asimismo, ha reconvertido su economía al depender menos de materias primas y exportar componentes electrónicos, principal actividad económica, mientras vende la conservación de sus recursos naturales como un producto para el turismo internacional. Por supuesto, le ha llevado décadas invertir en salud y educación, creando instituciones fuertes y un sistema democrático estable. Pero nosotros no podemos esperar tanto.
Guatemala podría cambiar más rápido gracias a sus ventajas comparativas. La vocación forestal del país presenta un potencial en generación de oxígeno, almacenamiento y captura de carbono, madera certificada, exportación de especies medicinales; así como atractivos para avituristas y ecoturistas.
La lista del potencial económico en recursos acuíferos, marinos, pesqueros, de especies animales y vegetales es larga, especialmente cuando se combina con la riqueza cultural guatemalteca. Aparte, la conservación de estos recursos preparará al país a enfrentar los extremos climáticos que se esperan en inundaciones y sequías.
Antes de inventar un nuevo modelo económico debemos preguntarnos si los paradigmas que actualmente seguimos no serán desvirtuados en la siguiente década. Un análisis de la tendencia mundial afirma que habrá cambios necesarios en los estilos de vida de las sociedades, donde se gestione de manera sostenible los recursos naturales.
La gestión no debe significar prohibir el uso de los recursos naturales sino más bien adaptar las políticas públicas para que las ciudades tengan condiciones para vivir, el agua y la energía sean limpias, los desechos se reciclen y mantengamos un hábitat natural que permita vivir a las generaciones futuras su vida plenamente.
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