Hay que atacar la corrupción orgánica, no sólo a Portillo.
Parece que sí, que la Fiscalía del estado de Nueva York convertirá al ex presidente de Guatemala, Alfonso Portillo, más conocido como Pollo Ronco, en Pollo Frito.
Al capturar al ex mandatario ayer en Punta de Palma, Izabal, uno de esos rincones que son prácticamente territorio liberado del narcotráfico, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, la Policía Nacional Civil y el Ministerio Público dieron el primer paso para iniciar el proceso de extradición que requiere la justicia norteamericana.
Si este procede, mucho me temo que se le habrá terminado a Portillo el karma de prófugo que tuvo a bien cobijarlo desde que mató a dos personas en Chilpancingo, allá en el año de 1982, cuando consiguió escapar de la justicia por primera vez.
El ex presidente no podía durar mucho tiempo suelto. Una cosa es huir por veredas tropicales cuando se tienen amigos poderosos y otra muy distinta es intentarlo cuando se es requerido por la justicia de Estados Unidos bajo cargos de lavado de dinero.
Igual que al famoso capo colombiano Pablo Escobar, a quien ubicaron gracias a una llamada telefónica, al Pollo Ronco lo traicionó su propio pico: la primera pista que tuvieron de él las autoridades llegó a través de las escuchas telefónicas. (Lo cual me lleva a hacer un necesario paréntesis: nuevamente tenemos a la vista la prueba fehaciente de cuán útiles pueden ser las leyes recién decretadas para perseguir criminales. ¿Cuándo van a aprobar los diputados las que faltan?)
Cerrado el paréntesis, cabe señalar que con el arresto de ayer, las autoridades locales han logrado salvar la cara luego de los fallidos allanamientos del sábado por la noche. Ahora falta que se investiguen las fugas de información y se procese a los responsables por hacer el “favor” de obstruir a la justicia. (Y ya que empecé a abrir paréntesis, aquí les va otro: ¿por qué será que a Portillo sí lo consiguieron agarrar en cuestión de horas, mientras que a los hermanos Lorenzana, acusados de delitos igual de serios, nadie los toca?)
Pero dejemos al Embajador MacFarland con sus graves cavilaciones. Las palabras que usó el fiscal de Nueva York, Preet Bharara, al afirmar que Portillo usó las bóvedas del Crédito Hipotecario Nacional como su cajero automático particular, abusando de la confianza de su pueblo, son lapidarias y reflejan que el Gobierno de Estados Unidos tiene todas las ganas de desplumar al ex presidente y echarlo en aceite hirviendo.
El zacapaneco se encuentra hoy en la misma situación que terminó por acorralar a los capos originales del narcotráfico colombiano. Estos señores no les temían a los tribunales de su país ni mucho menos al sistema de presidios, pero dinamitaron Colombia con tal de no vestir el overol naranja de una cárcel en Estados Unidos.
La solicitud de extradición del famoso Pollo Ronco tiene también el potencial para detonar una cantidad enorme de preguntas, discusiones y ojalá, procesos que sirvan para desmantelar las estructuras de la corrupción.
Mucha gente está disgustada con el ex mandatario y quiere verlo encerrado, pagando por esa larga fila de gobernantes que han saqueado al país. Sin embargo, de poco o nada va a servir que se le castigue ejemplarmente si no se ataca el sistema que alimenta la corrupción de manera orgánica.
Alfonso Portillo nunca actuó solo: funcionó como una pieza más de un aparato corrupto, dedicado a cometer delitos. Se han mencionado ya nombres conocidos –el general Francisco Ortega Menaldo, Napoleón Rojas, los hermanos Salán Sánchez– como cómplices, quizás incluso jefes del ex gobernante. (Y aquí viene el paréntesis más misterioso de todos: ¿no será que el Pollo puede salvarse de caer en la sartén haciéndole segunda voz a quien lo delató a él, José Armando Llort Quiteño?)
Ese piar sí que valdría la pena escucharlo, aunque el Pollo logre así quedarse más ronco que frito. Y mientras se le oye, hay que tener presente algo que Portillo siempre cantó en sus discursos, con toda razón y conocimiento de causa: a saber que la corrupción tiene dos puntas y no vale menos la del corruptor. (Lo cual nos lleva, lamentablemente, al paréntesis final, que tiene además tinte diplomático: el gobierno de Taiwán aún nos debe explicaciones, no sólo por los cheques girados a Portillo, sino por todos los “regalitos” que han repartido a los demás presidentes de Centroamérica.)
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
44 comentarios: