La crítica es como un balde de agua fría que nunca cae bien y siempre deja una dosis cruel de realidad que pena en la conciencia. Cuando hablan de esta esquina del mundo en el extranjero, buscamos algún detalle falso, algo de exageración, dramatismo, una pequeña dosis de alivio. Es como vernos en una fotografía sin retoque y alegar porque no salimos bien. Porque esa vez no funcionaron los milagros. Tristemente, muchos artículos sobre Guatemala aparecen en los periódicos más leídos del planeta. Digo tristemente, porque no es de los deliciosos buñuelos nadando en su pecera de miel caliente de los que se habla, ni de las noches que apuñuscan todas las estrellas del universo en nuestro cielo. El domingo pasado, una publicación de Laura Esquivel sobre Guatemala, en El País (periódico español), acaparó un espacio estelar: “Este país, conocido por la dulzura de sus habitantes, es refugio de hienas. Contabiliza 15 asesinatos al día y las violaciones se multiplican”. En dicho artículo se describe con detalle el sentir de niñas y mujeres cruelmente violadas, hoy en recuperación gracias al apoyo de Médicos Sin Fronteras. ¿Qué alegar, si más de 6 mil menores de edad son explotados sexualmente en nuestro país, ahorita mismo, sin que se haga algo para impedirlo?
Según Esquivel, quizá la posibilidad de tanta violencia se deba a la separación social: “Tal vez esa es la respuesta: la separación. Quizá de ahí viene todo el problema. Nadie puede agredir lo que considera suyo. Sólo quien se concibe como ajeno a un grupo social puede atacarlo. Sólo quien se concibe separado, desterrado, desamparado, puede ser capaz de ver como enemigos a sus hermanos y asesinarlos”.
Comparto la teoría del abandono; que los violadores, sicarios, genocidas son capaces de asesinar a sangre fría debido a que nunca han guardado la mínima conexión con su entorno. Y sí, aunque salgamos muy mal en esta triste y opaca imagen, la verdad es que hemos dado la espalda a tantos niños y jóvenes, ofreciéndoles ¡nada! Ajenos, desarraigados de la educación y del desarrollo. Abandonados. Manipulados.
¿Cómo recuperar entonces, un imaginario prometedor? Pues iniciemos aceptando nuestras culpas y volcándonos de lleno hacia un auténtico movimiento por la niñez y juventud. Sin topar caulas. Dándolo todo y hasta más por quienes merecen salir algún día bien en su fotografía. Y como fondo: una noche apuñuscando estrellas.
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