Las compañías de seguros se topan constantemente con guatemaltecos creativos que pretenden estafarles. Las fechorías van desde auto robarse el carro o quemar la mercadería vencida, hasta suplantar un cadáver.
El cadáver quedó totalmente calcinado. Sólo un pedazo de hueso ahumado podía dar pistas de quién había sido la víctima de lo que parecía un terrible accidente, pero los deudos no dudaron ni por un segundo que aquel cadáver irreconocible era el de su familiar. Era él quien conducía aquel picop desvencijado que cayó al fondo del barranco. Para su buena fortuna, el fallecido tenía varios seguros de vida. Era tan precavido que esa misma mañana había adquirido el último. No iba a dejar a su familia en la pobreza.
La madre acudió a una de las aseguradoras a reclamar el dinero, pero a los ajustadores aquella historia peliculesca del carro envuelto en llamas, les sonó a canto de sirena. Un canto de sirena muy bien estudiado. Decidieron investigar, una pista llevó a una prueba, y así más tarde se comprobó que era un intento de fraude. El asegurado, cual perro que espera la comida, salivaba en Estados Unidos, aguardando a que su familia le alcanzara con Q1 millón 200 mil.
No se sabe cómo, pero los defraudadores lograron conseguir un cadáver. Lo primero que hicieron fue cortarle las manos, para evitar que se encontraran huellas digitales, después lo colocaron en el asiento del conductor de un picop que había sido rociado con gasolina. Por último lo lanzaron a un barranco y contemplaron el fuego.
Este caso fue descubierto por un equipo de cuatro investigadoras nacionales, que lograron armar las piezas y aguarle el plan a los delincuentes. Los guatemaltecos pueden ser muy creativos e ingeniosos cuando de estafar se trata. Desde lograr que el seguro pague los daños del carro de un amigo que no estaba asegurado, hasta suplantar a un cadáver para hacerse con una cuantiosa cantidad. Lo intentan todo.
Los fraudes más comunes son los relacionados con los automóviles, de acuerdo a Mario Mendizábal, de la Asociación Guatemalteca de Instituciones de Seguros (AGIS). En esta rama las aseguradoras pagaron el año pasado Q655 millones 293 mil a sus asegurados, “quizá del uno al tres por ciento de esto pudiera ser una estafa”, calcula Mendizábal.
“En seguro de automóvil el fraude constante es la sobrevaloración de los daños. He visto colisiones múltiples”, recuerda Edgar Wagner, ex presidente de AGIS, actual directivo de aseguradora Rural y de larga trayectoria en seguros, “ponen cinco o seis carros, hacen todo el escenario. Corrientemente son autos ya chocados que traen de Estados Unidos y que logran asegurarlos aquí”.
Algo muy frecuente también son las “ayudas” entre amigos. Alguien que no tiene seguro y sufre un accidente, le pide a un amigo asegurado que diga que fue él quien lo chocó, así lo cubrirá el seguro. Colocan los carros en posición de accidente y el asegurado confiesa haber tenido toda la culpa.
Pero cada vez es más difícil salirse con la suya, “se revisa que los golpes coincidan y siempre se toman fotos”, explica Enrique Neutze, gerente de Aseguradora General. Además, simular un choque no es una medida muy inteligente. Más bien es pan para hoy y hambre para mañana. Porque si tiene muchos siniestros en un año, al siguiente la prima que paga será más cara. “Si usted paga Q4 mil al año, y tuvo un choque que costó Q40 mil y después otro de Q60 mil. Al final del contrato yo voy a ver que le cobré Q4 mil y le pagué Q100 mil, entonces voy a ver que tiene más riesgo y le voy a subir el 10 por ciento”, explica Mendizábal. Si alguien llegara a tener demasiados accidentes puede incluso perder el seguro, y que ninguna empresa le vuelva a asegurar.
“Descubrimos una banda que todos los viernes a las 11:30 de la noche tenían un accidente”, cuenta Mendizábal, “lo hacían en la Villalobos, en la zona 6 o 2, donde generalmente no hay carros. Lograron cobrar varias veces, consiguieron casi un millón de quetzales”.
Basilio y María se conocieron de mala manera. Ella cruzaba una calle por la línea peatonal cuando él aceleró y la dejó tirada en la banqueta con una contusión en la pierna. Ella exageró el golpe, y logró que la aseguradora de Basilio le pagara más de la cuenta. Y entonces, entre papeles de seguro, se enamoraron. Empezaron una vida juntos y decidieron recrear, constantemente, el día en que se conocieron. Fingieron que Basilio atropellaba a María en 6 ocasiones más. A veces María iba en bicicleta, otra se fracturaba el fémur, otras veces tenía costillas rotas y casi siempre un dolor terrible en la pelvis. Conseguían facturas falsas de gastos médicos. Pero a la séptima vez quisieron llegar demasiado lejos, aseguraron que María estaba embarazada y había perdido al bebé a causa del accidente. Su cómplice era un médico que firmó papeles y ultrasonidos falsos. Ahí les descubrieron. Habían conseguido ya 28 mil 200 euros de siete aseguradoras distintas. Esto pasó en España, pero Guatemala no es la excepción. Los investigadores de seguros se han encontrado con choques mínimos donde el piloto resulta gravemente herido, o donde, de repente, aparecen cuatro o cinco personas con lesiones, que casualmente iban en el vehículo accidentado.
Las aseguradoras, además, están en contacto entre sí, para que si alguien lograra estafar a alguna, las demás estén alertadas. “En Londres se emite un boletín donde cuentan historias de estafas y de cómo se han descubierto, eso nos sirve mucho a nosotros”, explica Neutze.
Si los productos vencieron y ya no se pueden vender… hay que encerrar un gato. La frase “gato encerrado” tiene un origen perverso, que se relaciona estrechamente con los fraudes a seguros, “hace muchos años se acostumbraba meter toda la mercadería obsoleta, inservible, que estaba pasada de temporada, en una bodega”, explica Wagner, “después se encerraba allí a un gato mojado con gasolina, se le prendía fuego en la cola y el gato volaba por todos lados provocando un incendio”.
Los métodos cambiaron, pero no el tipo de delito, se siguen quemando bodegas con el fin de cobrar un seguro. “Es increíble todo lo que la gente trata de borrar con fuego”, dice Luis, un investigador de incendios que trabaja para varias aseguradoras.
Hace poco descubrió a un alcalde que incendió su picop Avalanch del año para que el seguro se lo pagara. “Sacó el carro y dijo que de repente empezó a sentir olor a quemado”, comenta Luis, “era una carretera desolada, que no era su camino habitual y además tardó 45 minutos en llamar a los bomberos”. Después se descubrió que el alcalde había tenido un problema en la agencia y no le permitían devolver el carro que salió defectuoso, así que ideó la manera de no perder.
Las pistas delatan, y el fuego también, “siempre se puede determinar si un incendio fue provocado”, explica Luis. Wagner ha detectado 39 señales de que un incendio fue causado a propósito, desde el color del humo hasta el camino que llevaron las llamas. Como en todo crimen, lo importante es llegar pronto y cuidar la escena.
Es frecuente en farmacias, donde los productos vencidos son una pérdida total o en almacenes pequeños donde la ropa que pasó de temporada ya no se puede vender.
La víctima era un anciano. Salió a dar un paseo en una pequeña barca en un lago cercano a su casa, la embarcación volcó y el hombre se ahogó. Los dos hijos reclamaron el seguro de vida. Tenían derecho al doble de indemnización porque su padre había muerto en un accidente. Wagner estuvo a cargo de la investigación y lo que descubrió fue una historia cruel. La hija hizo una llamada: “ya se murió el viejo”, le dijo a su hermano. Minutos después el hermano estaba en la casa del anciano para ayudar a desvestirlo y a ponerle el traje de baño. Colocaron el cadáver en el carro y fueron al lago. Allí dejaron el cuerpo en un cayuco y lo hundieron. Cerca del lugar estaba el automóvil del anciano, su ropa doblada y las llaves prendidas.
El fraude se descubrió gracias a la sirvienta de la casa, que presenció todo el trabajo que hicieron sus patrones. “Todo se llega a saber, no hay nada oculto”, dice Wagner, este caso sucedió en Nicaragua.
A la Aseguradora General, hace unos años, quisieron hacerle creer que un asegurado había muerto. La esposa llegó con los documentos para reclamar el seguro de su marido recién fallecido. Al encargado de reclamos la actitud de la mujer le pareció sospechosa y le pidió una foto del difunto. La señora regresó con una imagen donde el esposo aparecía en La Terminal, frente a un letrero de pinturas Fuller, el investigador descubrió que ese rótulo había sido pintado hacía muy poco tiempo, después de la fecha en que supuestamente murió el asegurado.
“Hemos visto entierros donde el ataúd está lleno de piedras”, recuerda Neutze. Detectar los fraudes a tiempo depende del olfato y la astucia de los investigadores de seguros.
Wagner descubrió a un joven que se había cercenado la mano, todo con el fin de que su seguro le diera una cuantiosa suma. Antes de hacerlo cotizó prótesis, calculó sus beneficios. Pero se equivocó, al final el precio de la prótesis fue mayor que la indemnización.
En el ramo de seguros de vida, todas las aseguradoras guatemaltecas pagaron el año pasado Q337 millones 279 mil a sus asegurados.
Investigar un posible fraude requiere dinero. “Pero el que paga mal, paga dos veces”, dice Mendizábal, “la investigación es costosa, pero menos de lo que se le pagaría a un defraudador”.
“Es un costo elevado investigar, y al final los que salen perjudicados son los demás asegurados, porque sus primas suben”, explica Guillermo Alejos, de Aseguradora General. Los seguros funcionan con base a probabilidades, si en un año hay más siniestros de lo normal, todas las primas subirán. “Parte del componente de la prima toma en cuenta estadísticamente las posibilidades de que exista un siniestro y el costo promedio del siniestro. Si estas probabilidades se incrementan, también se incrementa el costo de la prima que se cobra a todos los asegurados”, cuenta Alejos.
Las aseguradoras tienen fondos de reserva en reaseguradoras en el extranjero, un dinero que está guardado para cubrir un siniestro fuerte, como un terremoto o un accidente aéreo. Si ese fondo se reduce, habrá que volverlo a llenar y eso se logra aumentando las cuotas de los asegurados. “No importa si el terremoto es en Asia, en América vamos a pagar un poquito más para compensar eso”, según Alejos.
Atrapar al estafador es una tarea complicada. “Cuando el defraudador se da cuenta de que le han hecho una pregunta comprometedora o que la aseguradora está desconfiando, desaparece”, cuenta Mendizábal.
Denunciarlo al Ministerio Público es difícil. “El intento no es penado, sólo si se comete un fraude se comete un delito. Tendría que demostrar que el fraude se llevó a cabo para poder llevarlo a juicio”, comenta Alejos.
Cuando de conseguir dinero fácil se trata, el ingenio no tiene límites. En Estados Unidos, un hombre de 49 años se disfrazó de mujer, para cobrar el seguro por vejez de su madre fallecida. Y lo hizo por seis años. Nunca dio aviso de que la anciana había muerto y en cambio fue, mes a mes, vestido con peluca y maquillaje, a recoger el cheque de la madre. Logró US$117 mil. Pero ahora está preso.
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