Se entiende por clase media a la capa poblacional constituida por los profesionistas, los técnicos, los trabajadores calificados y los pequeños y medianos empresarios, cuyo nivel económico o social no es alto ni bajo sino medio. Sin duda, la clase media es la mayor generadora de empleo, la que consume, la que ahorra, la que paga el grueso de los impuestos y la que promueve el debate cultural y político.
El ensanchamiento de la clase media es la mayor garantía de estabilidad y de gobernabilidad en una sociedad, porque con ello se dinamiza la economía, a través de la inversión, el consumo y el empleo, se fortalece la cohesión social (sentido de pertenencia, interacción social, justicia del respeto y fraternidad) y se alientan las aspiraciones, las iniciativas y los desafíos.
Los líderes políticos serios y responsables saben que debe protegerse a la clase media, sobre todo en tiempos de crisis. La erosión de la clase media es traumática para una sociedad, porque la dinámica económica y cultural se ve afectada negativamente, se genera inestabilidad política y se alimenta el desorden y la violencia.
La mejor receta para contrarrestar la crisis económica y reactivar la economía consiste en estimular a la clase media. Por ello, los gobiernos que tienen clara la película, en tiempos de vacas flacas, concentran sus esfuerzos en defender y alentar a la clase media, a través de recortes de impuestos y devolución de ingresos fiscales, capacitación de trabajadores, becas y créditos educativos, protección del ahorro y la inversión, financiamiento para medianos y pequeños empresarios, fortalecimiento de la seguridad social, etcétera.
Luego, durante los períodos de contracción económica no solamente debe apoyarse a los más vulnerables y desvalidos de la sociedad, sino también impedir que los “no pobres” caigan en la pobreza, con toda la cauda de desmoralización, rabia y frustración que eso conlleva.
En Guatemala, la clase media se ha venido empobreciendo y poco o nada se está haciendo para evitarlo. El poder adquisitivo no deja de erosionarse, el mercado laboral no absorbe la mano de obra incremental, desaparecen fuentes y puestos de trabajo, los ahorros se pierden o destruyen por desprotección jurídica o financiera, aumentan los costos de inversión y transacción, los servicios públicos son precarios, el clima de incertidumbre es patético y la amenaza de nuevos impuestos que graven el ingreso y el consumo es constante.
En mi opinión, la clase media no tiene futuro en un país donde se turnan derechistas e izquierdistas miopes e irresponsables. Inequívocamente, su desaparición afectará la gobernabilidad y la paz social.
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