Sebastián Piñera, presidente electo de Chile, tiene grandes desafíos por delante. El más grande, mostrar que los empresarios pueden liderar el cambio en beneficio de las grandes mayorías. Para bien o para mal, errada o acertadamente, en América Latina se asocia a los empresarios con la “alianza profana”. Esto es, la unión de empresarios, políticos y funcionarios públicos en busca de favores, privilegios y rentas que no podrían obtener en un sistema competitivo y abierto. A esta percepción se suma mitología del empresario explotador y de las “jugosas ganancias” inmerecidas. Siendo este el estado de las cosas, es fácilmente entendible por qué las reformas impulsadas por empresarios sean mal vistas por grandes sectores de la población, las autoridades y/o los funcionarios públicos.
Por otro lado, generalmente se cree que la responsabilidad ciudadana de los empresarios no va más allá de cumplir con el pago de los impuestos y lo dispuesto en las regulaciones existentes pertinentes. El reto que debe afrontar y superar la comunidad empresarial lo resume bien Toqueville cuando dice que “no estando ya los hombres vinculados unos a otros por ningún lazo (…) ni de familia, se sienten demasiado inclinados a preocuparse sólo de sus intereses particulares exageradamente arrastrados a pensar sólo en sí mismos y a recogerse en un individualismo estrecho en el que se ahoga toda virtud pública”. Un concepto que va más allá de la Responsabilidad Social Empresarial y que, en esencia, es vital para el funcionamiento de la democracia.
En un país tan polarizado como Guatemala, donde el tejido social ha sido destruido y donde los niveles de desconfianza son tan grandes, la construcción de confianza, valores, actitudes, acciones y nuevos discursos sobre la empresarialidad guatemalteca puede tener efectos muy importantes sobre la forma en que opera nuestra democracia. En la medida que el empresario reconozca su responsabilidad como ciudadano, entendido como pertenencia a una comunidad, responsabilidad por ella y obligación ante ella, es mucho más factible que el sistema de pesos y contrapesos de un sistema democrático opere de mejor manera. Sobre todo en una sociedad como la guatemalteca en donde los empresarios son parte de una elite económica e intelectual que no puede faltar dentro del funcionamiento del sistema democrático.
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