La quema de la Embajada de España, en la que fallecieron cremadas 38 personas, entre ellas varios ciudadanos españoles, ocurrió durante el gobierno de Romeo Lucas García (1978–1982), registrado en nuestra historia patria como uno de los más sanguinarios, corruptos y degenerados presidentes.
A pesar de que han sido publicadas varias versiones extrajudiciales de los hechos, estos jamás han sido esclarecidos por nuestras autoridades. Luego, los tribunales de justicia no han juzgado ni castigado a los responsables.
La versión del “régimen luquista” sobre la quema de la Embajada de España no es confiable, dado que varios de sus más altos funcionarios, incluyendo el propio Lucas García (ya fallecido), tuvieron participación en los hechos. Tampoco existió voluntad política para alentar una investigación independiente e imparcial, al extremo que no se protegió al único sobreviviente, Gregorio Yuxá, quien fue brutalmente asesinado al día siguiente.
Después de 30 años la justicia oficial no ha esclarecido los hechos punibles acaecidos en aquel trágico día, al igual que la gran mayoría de delitos que se han cometido en el territorio nacional. Sin embargo, siempre mantenemos la confianza en que la justicia se demora, pero llega. La oportunidad de que conozcamos la verdad de los hechos debería de ser ahora que vivimos en democracia.
En todo caso, sostenemos que la verdad no debe ocultarse en una genuina democracia; la verdad es libertad positiva, es esencial para el crecimiento y la vida, es fundamento de la integridad espiritual. Una sociedad que no privilegia la verdad está en bancarrota moral. Por otro lado, sin justicia jamás habrá paz en Guatemala.
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