Los acontecimientos recientes en torno a la captura de un ex-presidente de la República, resultado del trabajo conjunto del Ministerio Público, la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) e incluso un Fiscal Federal del Estado de Nueva York, Estados Unidos, han sacudido a la sociedad guatemalteca. Sin entrar a especular sobre el proceso jurídico, ni sobre cómo este podría terminar, quiero subrayar el hecho de que la impunidad ha sufrido un golpe decisivo. Como sucedió en Corea del Sur, donde tres ex-presidentes fueron a la cárcel acusados de corrupción, y en Costa Rica, donde sucedió lo mismo con dos ex-presidentes, hoy en Guatemala celebramos un nuevo amanecer en la búsqueda de la justicia.
Se trata de la oportunidad ideal para dar inicio al rescate moral de nuestro país. No cabe duda que en la sociedad guatemalteca existen valores morales que deben sobreponerse a los antivalores que tanto daño nos hacen. Si usted observa, el clamor de todas las opiniones, tanto las que están a favor, como las que están en contra, es la búsqueda de la verdad y de la justicia. Todos los guatemaltecos queremos lo mismo: que se haga justicia. Para lograrlo necesitamos, queremos y exigimos un Estado de Derecho sostenido por la ley y por los valores morales. Hago énfasis en que no basta uno sin el otro. Ni es suficiente la ley, que puede ser quebrantada una y otra vez cuando reinan los antivalores, ni es suficiente tener valores si no existe la aplicación uniforme de la ley. Esta combinación de la cultura y las instituciones es lo que levanta a un país. Guatemala está en el momento indicado para hacer un alto y decidirse por una cultura de respeto a la vida, respeto a la ley y respeto a las instituciones.
Por el otro lado, también es el momento propicio para que las instituciones reflejen ese deseo del cambio de la cultura de la impunidad y la corrupción, a la cultura de la honestidad y el servicio público. Este momento ha llegado para Guatemala, esta es la oportunidad para el punto de inflexión. Es hora que todos los ciudadanos cerremos filas alrededor de conceptos como el debido proceso, el imperio de la ley y por supuesto, la justicia. Si la sociedad adquiere la responsabilidad y el compromiso de iniciar la reconstrucción del Estado de Derecho, tendremos futuro. Será una tarea difícil, pero es nuestra prioridad. Recordemos que la CICIG no estará acá para siempre. El futuro está en nuestras manos.
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