El temor de Taiwán de perder a los escasos 23 países que lo reconocen como país independiente, entre ellos el nuestro, ha propiciado el enriquecimiento de políticos y burócratas guatemaltecos. Con tal de mantener abierta su Embajada, los chinos nacionalistas no solamente otorgan millonarias sumas en cooperación, sino también recurren al soborno de presidentes, ministros, secretarios, diputados, empresarios y periodistas.
Para muestra, los US$1.5 millones en cheques girados a nombre de Alfonso Portillo Cabrera. El primero de estos pagos, por valor de US$500 mil le fue entregado cuando todavía era candidato y los dos restantes en momentos distintos de su presidencia. Portillo no ve nada reprochable en haber depositado este dinero en cuentas de su ex esposa y de su hija mayor. ¿Por qué no habría de cobrarlos si estaban a su nombre?, dijo en una obsequiosa entrevista que le hicieran en Noches con veneno, en Guatevisión. Y ayer, en dos páginas zalameras que le dedica Nuestro Diario reiteró que el dinero era suyo porque esos cheques “no están a nombre del Gobierno de Guatemala. Esos cheques fueron apoyos. En primer lugar, uno de ellos fue entregado a mi nombre antes que yo fuera Presidente, y los otros dos para que se implementaran programas. Y uno de ellos, explícitamente lo expliqué, era para que me ayudaran a crear un fondo para mi hija, para que con los intereses pudiera educarse”. (Nuestro Diario, 1/2/10, p. 5).
Portillo probablemente no ha sido el único presidente que recibió dinero de los taiwaneses. Y en su gobierno, tampoco fue el único de los funcionarios que capitalizó a favor suyo las ansiedades taiwanesas. Un diplomático de ese país me dijo que habían donado varias decenas de miles de dólares a un ex canciller para poder financiar las operaciones de su ONG. Y también se ha sabido que durante la administración de la Gana, la encargada de asuntos de seguridad (cuya oficina no aparece reportada en la página web de la Embajada) repartió fondos, también en cheques, a nombre de varios de quienes dirigieron la SAAS y la SAE. No sabemos si el mínimo y dulce Oscar Berger, también haya recibido donaciones taiwanesas, aunque no sería extraño: recuerden como nunca aceptó abrir una representación comercial en Pekín.
En el resto del Istmo, el ex presidente Miguel Ángel Rodríguez cayó preso por razones semejantes a las de Portillo. Los taiwaneses le dieron US$1.4 millones. De esa cifra, US$1 millón fue depositado en una cuenta de una empresa suya en Panamá y los restantes US$400 mil fueron entregados a una fundación que el presidía. También hay evidencias de fondos transferidos a Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, en Nicaragua; Abel Pacheco y el propio Óscar Arias, en Costa Rica y Mireya Moscoso, en Panamá. Tengo la impresión que Daniel Ortega pellizcó dinero taiwanés, porque de otra manera no se explica como él, quien estableció relaciones con China Continental durante su primer mandato, haya decidido ahora mantener el reconocimiento a Taipei.
Ante una diplomacia fundada en sobornos y la facilidad con que nuestros políticos los aceptan, hay que plantearse la necesidad de romper relaciones con ese foco de corrupción.
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