Éldijo, si hubiéramos llegado a la presidencia en tiempos normales, nada me habría gustado más que empezar a reducir el déficit. Pero asumimos la presidencia en medio de una crisis y nuestros esfuerzos para prevenir una gran depresión han aumentado la deuda pública.
Estoy convencido que hicimos lo correcto. Pero las familias a través del país están amarrándose el cinturón y afrontando decisiones difíciles. El gobierno debería hacer lo mismo, afirmó.
Estoy proponiendo pasos concretos para pagar lo que nos endeudamos para rescatar la economía, continuó diciendo. Estamos preparados para congelar los gastos gubernamentales durante los próximos tres años. Los gastos relacionados con la seguridad, salud y seguro social serán los únicos que no serán afectados.
Pero todos los demás programas discrecionales del Gobierno sí lo serán. Como cualquier familia afectada por problemas económicos, trabajaremos con un presupuesto ajustado a lo que necesitamos y nos sacrificaremos en lo que no. Y si tengo que lograrlo por veto, lo haré, sentenció.
Luego dijo, continuaremos revisando el presupuesto línea por línea para eliminar los programas que no podemos permitirnos y que no funcionan. Para ayudar a las familias trabajadoras, extenderemos las reducciones de impuestos a la clase media. En tiempos de déficits no continuaremos reduciendo impuestos a las compañías petroleras, administradoras de fondos de inversión y a quienes ganan más de US$250 mil al año. No podemos permitírnoslo.
Por ello he llamado al establecimiento de una comisión fiscal bipartidista (partido oficial y oposición). Esta Comisión tendrá que proporcionar un conjunto de soluciones específicas dentro de un plazo determinado. El Parlamento bloqueó la ley que podría haber creado la comisión. Emitiré una orden ejecutiva que permita avanzar porque me rehúso a pasar este problema a la próxima generación.
Para finalizar, siempre refiriéndose al presupuesto, expresó que, en lugar de seguir con las mismas batallas hasta el cansancio que ha dominado por décadas la política (de Washington), es momento de hacer algo nuevo. Invirtamos en nuestra gente pero sin dejarle una montaña de deudas. Debemos cumplir con nuestra responsabilidad frente a los ciudadanos que nos tienen aquí (en estos puestos públicos). Tratemos de tener sentido común.
Eliminaré gastos innecesarios, superfluos e inútiles. Ajustaré el presupuesto. Así lo dijo, pero no fue el Presidente de nuestra querida Guatemala sino Barack Obama, la semana pasada, ante el Senado y el Congreso norteamericano. Cualquier similitud sería pura coincidencia.
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