La candidata oficial es la favorita para alzarse triunfadora este domingo y convertirse en la primera presidenta que tenga la nación centroamericana.
Laura Chinchilla asegura que nunca soñó con ser presidenta ni con la posibilidad de que su nombre ingrese a los libros de historia como la primera mujer en alcanzar un cargo tradicionalmente exclusivo para hombres, si gana las elecciones del domingo.
“Para mí es motivo de mucho orgullo y satisfacción el hecho de que, siendo mujer, Costa Rica me esté reconociendo las características de liderazgo, porque es algo que habla bien del país”, dijo hace poco la politóloga de 50 años quien parte como favorita en las encuestas.
Su lema durante toda la compaña fue “firme y honesta”. Sus adversarios encontraron problemas para hallar puntos negros en su historial, pero criticaron su cercanía con el mandatario Óscar Arias y advirtieron que Chinchilla es una marioneta para garantizar la continuidad del partido Liberación Nacional en el poder.
Ella contesta a sus críticos diciendo que su única lealtad “será para el pueblo costarricense” y enfatiza que “lo que sigue será mi gobierno, no el de Óscar Arias”.
Casada en segundas nupcias con el abogado español José María Rico y madre de un adolescente de 13 años, Chinchilla se reconoce católica y por sus creencias no está de acuerdo con temas como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero dice respetar la diversidad de opiniones.
Fue la primera ministra de Seguridad que tuvo el país durante la administración 1994-1998 y gran parte de su planteamiento se basa en la lucha contra la delincuencia y el narcotráfico, considerados por un 45 por ciento de la población como el principal problema del país de acuerdo a una encuesta de enero de la firma Unimer.
Entre sus planes está crear un Comisionado Nacional Antidrogas, duplicar el presupuesto de seguridad y no tuvo empacho en calificar esos problemas como “una gravísima amenaza que se cierne sobre todo Centroamérica”.
También apuesta a la reactivación económica con inversión orientada al conocimiento y una meta para que toda la energía que se consuma en el país sea producida con energías limpias.
Para Montserrat Sagot, socióloga y académica de la Universidad de Costa Rica, la candidatura de Chinchilla “es un fenómeno político importante, ya que provoca cambios en el imaginario y la forma de ver a las mujeres, especialmente para las niñas, pues se modifican los significados sociales de género”.
Las mujeres costarricenses empezaron a votar hace casi 61 años y aunque superan por algunos miles a los votantes masculinos en un padrón de 2.8 millones de costarricenses, les ha tomado más tiempo lograr equidad en los cargos públicos.
El analista político Manuel Rojas, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, dijo que la llegada de una mujer induciría a una nueva percepción en el plano simbólico “porque quiebra la imagen patriarcal de que sólo los hombres pueden llegar a ese puesto”. Fuentes: AP, DPA
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