Empezó el año con mujeres.
Empezó el año con mujeres. En efecto, la ya conocida actividad sabatina GuateCanto, organizada por Autores, Editores e Intérpretes (AEI) inició su actividad este año, el pasado 30 de enero, en Casa Ibargüen, zona 1, con un elenco solo de mujeres.
Lo estelar fue el quinteto Naik Madera, integrado por seis chicas. Las Naik eran una asignatura pendiente para mí. Llevan casi seis años, tiempo durante el cual han labrado su espacio. Idean letras que son caja de resonancia de sus preocupaciones en torno a la mujer, por tanto provocan, denuncian, incitan. Así, se entiende que el maltrato, la explotación, la migración, entre otros, sean rutina en sus canciones. Un repertorio que ya abarca dos discos.
Es un grupo que potencia la percusión, el ritmo alegre y contagioso de lo afrocubano, caribeño o brasileño, produciendo un mestizaje latino, derivado de la convivencia de una instrumentación en la que prevalece lo acústico: violín, guitarra, flauta, batería, cajón, bongos, maracas, clave, apoyado con teclado, guitarra eléctrica, bajo eléctrico con slapeo ocasional. De manera que a veces suena reggae, otras funk o bossa, y si uno se descuida, flamenco.
Ese día se escuchó Gitanas, Las palabras, Hormiguitas, Caminantes, Contradicción, Voz de mujer y como encore Esmeralda. Lo ofrecido por Naik mostró sus fortalezas e igual, debilidades. Lo mejor que tiene son sus composiciones, con letras de inconformes, con la nueva conciencia femenina. También el recurso instrumental que posee como ningún otro grupo de este país; y luego sus aventuras rítmicas por las que se adentra, que hace difícil encorsetarlo en un estilo específico. Amén que invita a dejar de lado las poses y mover la osamenta. Pero su disonancia está, por ejemplo en que se preferiría más la voz de Heidy Gressi, que la de Herbyn Galicia, al menos que esta última fuera de voz menos oscura e ensimismada. También el desempeño instrumental: el dominio técnico no es parejo y, por tanto, inseguro. Otra es que la masa sonora no es compacta y su sonido descuidado. Y por último, su presencia escénica. El público agradecería menos solemnidad en las mencionadas o en Cristha Quijivix y Carolina Ávila.
Como si nada GuateCanto se está convirtiendo así en una importante vitrina para conocer a los nuevos creadores populares (grupos o solistas), por lo que bien valdría la pena abonarle más recursos económicos.
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