El actual Gobierno no ceja en su intención de promulgar nuevos impuestos y aumentar los vigentes.
Elactual Gobierno no ceja en su intención de promulgar nuevos impuestos y aumentar los vigentes.
Sin embargo, el régimen uneísta nada dice ni hace respecto de la corrupción que campea impunemente en el sector público, y que día a día desmoraliza más y más a los contribuyentes y a la población en general, que ven cómo el producto de sus impuestos se invierte en proyectos y programas en donde impera el secreto, la confidencialidad y la reserva.
Abundan los negocios ilícitos al amparo del poder público: trasiego de información relevante, enriquecimiento ilícito, garantía de impunidad, plazas fantasmas, fideicomisos, gastos discrecionales, comisiones y exacciones ilegales, etcétera.
Asimismo, la transparencia, la publicidad y el acceso a la información siguen brillando por su ausencia. De balde ha sido contar con una Ley de Acceso a la Información Pública, así como con resoluciones dictadas por la Corte de Constitucionalidad, si no existe voluntad política de cumplirlas y el abuso de poder sigue siendo la norma.
Por otro lado, se tiene la percepción, por la forma en que se nombran y remueven a los funcionarios públicos, que los nombramientos se hacen para pagar favores personales o políticos, y que el beneficiado está por un tiempo en el puesto y, luego, es destituido o sustituido, sin importar las increpaciones de corrupción. Pasa un tiempo en el cargo, mientras se llena de pisto.
Por supuesto, el removido goza de la garantía de impunidad, y lo más que le ocurre es pasar un mal rato a nivel de opinión pública. Sin embargo, todos están claros que la vergüenza pasa, pero el botín queda en casa.
El servicio civil con base en el mérito y la reconocida honorabilidad es inexistente. Consecuentemente, la burocracia sigue siendo una verdadera peste, que día a día crece descontroladamente atendiendo exclusivamente al clientelismo político, a la recomendación y al nepotismo.
En consecuencia, mientras esa sea la percepción ciudadana de los propósitos e intenciones del actual Gobierno, los guatemaltecos nos resistiremos a pagar más impuestos, sin perjuicio, por supuesto, de que ya pagamos demasiados.
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