Vemos hoy, una vez más, al Presidente de la Asociación Nacional del Magisterio tratando de obstaculizar los procesos de educación para beneficios e intereses personales de un pequeño grupo que lo sigue y que se ve empoderado con él, que nada tiene que ver con la enseñanza.
El grupo, todos politiqueros y haraganes, que en las calles de la capital parece descomunal, pero comparado con el total de maestros contratados por el Estado y docentes de la iniciativa privada no llega ni al 5 por ciento de los mismos; tratan de asustar con el petate del muerto. Pero no preocupa realmente este grupo, sino quiénes los apoyan para que sucedan estas manifestaciones, quiénes financian los movimientos. Los intereses, han sido y son, políticos y económicos.
Varias han sido las oportunidades que el país ha tenido de lograr una educación de calidad y este sindicato es quien lo ha truncado. Un ejemplo significativo fue a inicios de la democracia, cuando el Ministerio de Educación contrató especialistas nacionales y extranjeros para que se trabajara con una nueva metodología educativa que satisficiera las necesidades pedagógicas de país. Con el esfuerzo nacieron las tan famosas Guías Curriculares: instrumentos de trabajo invaluables para un docente en el aula. Pero lamentablemente, por razones políticas, este grupo las quemó y los demás maestros por no comprenderlas y miedo al cambio, los apoyaron. El gobierno de Arzú trató de darle un cambio, gerencial al Ministerio, lo que ocasionó protestas y demandas que terminaron en nada para la educación, pero en grandes desembolsos por sueldos caídos, a quienes fueron destituidos de su cargo sin el debido proceso. Más tarde, la famosa profesionalización magisterial de Portillo, en donde se esperaban 40 mil maestros asistiendo a las aulas universitarias para obtener un título; se superaron las expectativas y más de 55 mil se inscribieron –lo que demuestra que el maestro quiere dignificarse– pero también fue el sindicato, por razones políticas, quien destruyó esa intención y perdió todos los recursos que allí se habían invertido y la gran oportunidad del magisterio.
Cada gobierno ha tenido sus aciertos en cuanto a la mejoría de los procesos de educación del país, pero se descontinúan cada cuatro años, lo que ha llegado a ser una pandemia para el sistema, que trasmite el famoso sindicato auspiciado por grupos ocultos. Varios gobiernos han sido aliados, al inicio, de este grupo que se gana granjerías para luego, entrada la nueva campaña electoral, convertirse en un enemigo en busca de nuevos derroteros. Grupo que ha demostrado tener intereses particulares, no nacionales. Hoy, una vez más, estamos ante un movimiento político, apañado por autoridades de gobierno. Con la diferencia que hoy los maestros no los apoyaron y están dando clases. Hoy, después de vivir distintas experiencias en la docencia, estoy convencida que la educación está como está porque sirve a intereses. Quien decida cambiar el país, debe decidir cambiar las políticas educativas y apostarle a la educación nacional.
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