Sísifo vende lo que nadie vende, “libros”, su amor por ellos lo hace caminar todos los días por la ciudad para tratar de venderlos. Últimamente el negocio ha ido de bajón, suponer que la gente lee en tiempos de crisis es una mentira piadosa, pero, más de alguien se inspira y se emociona con las recomendaciones de Sísifo y compra, aún a costa de no poder comerse los libros.
Sísifo anda con penas, trae cargada una mala racha desde hace ya bastante tiempo, suspira en la oscuridad tragándose todo lo que puede de aliento, el sueño se le ha vuelto necesidad, es la única forma de permanecer ajeno a la realidad voluptuosa y sofocante de las circunstancias. Trata de dormir y vuelve a soñar una carga de penas, el grillo sigue con su concierto madrugador, mientras Sísifo en la penumbra del sueño distingue su vida que se debate entre la desesperación y la paz, remonta la cuesta y vuelve a comenzar, sueña y posterga la felicidad.
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