Una Policía no es rescatable cuando el 70 por ciento de sus integrantes desviaron sistemáticamente su misión. No existe una evaluación técnica sobre integridad y profesionalismo de la Policía Nacional Civil (PNC), pero datos indirectos hacen presumir que después de 13 años de haber sido refundada, la institución ya no es reformable.
La carrera policial está quebrantada. Un agente puede ser ascendido a comisario de un día a otro; equivale a que sargentos sin mérito puedan recibir los galones de coronel de un solo salto. Ningún aparato de seguridad permanente será eficiente, íntegro, jerárquico, disciplinado ni mantener la moral bajo ese patrón de ascensos. A ello se asocian tantas manos que quizá de buena fe, pero sin profesionalismo, ni responsabilidad institucional, entran y salen manipulando ascensos, reglamentos y expedientes; creando y desintegrando unidades, montando incluso aparatos clandestinos que, al cabo, nadie controla.
Los abundantes registros fácticos de policías al servicio del narco en provincia, o las operaciones del “cartel del tumbe” (policías robando dinero o droga del narco), apuntan hacia una amenaza mayor en la PNC dadas las exorbitantes masas de dinero que fluye en esos circuitos ilícitos. Hay que agregar las cifras grises: policías involucrados en extorsiones de las maras, asaltos a residencias, robos de autos, secuestros. Y las operaciones de “limpieza social” que han rebrotado. Por casi una década las encuestas dan a la PNC la peor de las calificaciones por corrupción y abusos de autoridad.
Estamos ante un cuadro análogo al del EMP. Hacia 1998 el EMP ya no era reformable; tampoco se podía dejar sin seguridad a la Presidencia de la República. A partir de 2000 se encaminó un proceso ordenado de constitución del órgano sustituto –la SAAS– y desarticulación del EMP, que llevó 46 meses. La SAAS, bajo Ricardo Marroquín, fue tomando progresivamente funciones del EMP e incluso recuperando a su personal a través de filtros institucionales. Cierto, el proceso sufrió sucesivos quebrantos en 2004 y 2008 (con el episódico sometimiento de la SAAS a la Guardia Presidencial sufrió su moral), lo cual debe ser una lección por aprender.
La PNC tendrá que someterse a un régimen semejante, pero más complejo pues no hablamos de desmovilizar cientos de ex guardias, sino miles de policías y sus mandos. Y en materia de qué no hay que hacer al desmovilizar fuerzas de seguridad, algo tuvimos que haber aprendido tras los fracasos acumulados desde los Acuerdos de Paz.
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