Nohay una sola dependencia de Gobierno que no tenga su departamento de comunicación social o, como todavía le llaman, de relaciones públicas. Generalmente, quienes contratan a la cabeza de ese departamento jalan para el chancecito a algún periodista que solía cubrir al funcionario que lo contrata. Ven a la comunicación institucional y estratégica como una variación del periodismo, o, en el mejor de los casos, como una productora de propaganda.
Con los salarios de hambre que pagan los medios informativos se ha producido una diáspora de periodistas hacia el sector público, porque por primera vez, el Gobierno puede ofrecerle a los periodistas sueldos que superan ampliamente lo que devengan en el sector privado.
Sin embargo, la migración hacia el Gobierno, a pesar de la mejora de ingresos que le da al reportero, degrada la comunicación institucional y estratégica como profesión autónoma. Al improvisar periodistas como comunicadores institucionales y la ignorancia de quienes lo contratan desvirtúa el sentido de su función. Comunicar, en la lóbrega y yerta fantasía de los funcionarios, se reduce a redactar gacetillas y filmar videos promocionales, que luego deberán ser repartidos a los medios informativos. Cada día, el jefe pedirá un reporte de los noticieros y diarios que difundieron sus apariciones en público y le echará la culpa al periodista cada vez que sus apariciones públicas sean ignoradas. Abundan los casos en que el funcionario empuja a sobornar para que los periodistas lo promuevan o para evitar que se publiquen cosas que le incomodan.
Aunque el comunicador institucional y el periodista pasen por la misma escuela, la lógica, ética y técnica que sustentan sus profesiones son distintas. La función del periodista no es provocar reacciones, sino informar. Lamentablemente, en la cabeza de muchos funcionarios públicos y gerentes de empresas privadas, persiste la idea de que para hacer funcionar un departamento de comunicación basta con reclutar a alguien que haya pasado por una sala de redacción. Se dan también casos extremos, como el del propio presidente Colom, quien tiene a un publicista como vocero.
Algo hay que hacer para deslindar estas confusiones. En primera instancia, los medios debieran hacer el esfuerzo de mejorar los salarios de sus periodistas, estimular su permanencia y promover que se realicen profesionalmente. Y luego, las facultades y escuelas de comunicación debieran pronunciarse para aclarar y defender la especificidad de ambas carreras. Esto sería un buen paso para demostrar y refrendar que la comunicación estratégica no es, de manera alguna, equivalente al periodismo.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
16 comentarios: